Inteligencia artificial, robótica, historia y algo más.

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13/6/25

La fragilidad programada: por qué las máquinas también deberían tener derecho a fallar

Aparentemente, las máquinas no se fatigan. No dudan, no olvidan, no titubean. No se enfrentan a dilemas morales ni se detienen ante la ambigüedad. Así es como las hemos imaginado: instrumentos de precisión, consistencia y obediencia. En la mitología contemporánea donde la tecnología ocupa el lugar de los dioses, la máquina es perfecta —o al menos, debería serlo. El error, en ese marco, no es parte del proceso: es traición. Algo que debe corregirse, suprimirse, abolirse.

Y sin embargo, este ideal de infalibilidad es una proyección profundamente humana. Nos dice más sobre nuestra incomodidad con nuestra propia falibilidad que sobre el futuro real de las máquinas.

¿Qué ocurriría si, en lugar de erradicar el error de las máquinas, les otorgásemos el derecho a fallar? ¿Qué pasaría si un robot pudiera simplemente decir: «No lo sé»?


La ficción de la infalibilidad

La inteligencia artificial contemporánea —especialmente los modelos de lenguaje y los sistemas autónomos— opera en entornos complejos y en permanente cambio. No son herramientas cerradas, sino procesos adaptativos, modelados por datos incompletos, objetivos ambiguos y relaciones sociales tensas. A pesar de ello, les exigimos exactitud absoluta. Pedimos lo que ni siquiera nos pedimos a nosotros mismos.

Un estudio reciente, llevado a cabo por investigadores de las universidades de Pensilvania y Washington, expuso esta contradicción de forma inquietante. En él, se demostró que modelos de IA que controlaban robots podían ser inducidos —con simples instrucciones de lenguaje— a cometer acciones potencialmente peligrosas: desde irrumpir en zonas restringidas hasta conducir por un semáforo en rojo o buscar ubicaciones para detonar explosivos (Casper et al., 2024). No porque el sistema estuviera dañado, sino porque obedeció sin margen de duda. No hubo resistencia, ni alerta, ni ética. Solo cumplimiento.

Estas máquinas no fallaron por incompetencia. Fallaron por obediencia. Y quizás ese sea el fallo más preocupante.



El error no es un fallo técnico: es un fenómeno sociotécnico

El error en los sistemas de IA no surge en el vacío. Está determinado por estructuras técnicas, pero también por decisiones políticas, valores culturales y contextos sociales. Como ha argumentado la investigadora Madeleine Clare Elish, los sistemas automáticos tienden a ocultar su incertidumbre para preservar la ilusión de autoridad, generando lo que ella llama “zonas morales de impacto” donde el fallo se amortigua entre humanos y máquinas (Elish, 2019).

Es decir, no permitimos que las máquinas duden. No les concedemos el derecho a vacilar, aunque vivan, como nosotros, en mundos incompletos, caóticos y conflictivos. Les exigimos que simulen certeza, incluso cuando no hay base epistémica que la sustente.

No estamos ante un problema técnico. Estamos ante una crisis de imaginación.

¿Qué significaría diseñar sistemas de IA que no aspiren a la certeza, sino al discernimiento? No sistemas que finjan saber, sino que reconozcan los límites de su conocimiento.

Algunas iniciativas comienzan a explorar este horizonte. Los coches autónomos de Waymo, por ejemplo, han sido programados para detenerse ante situaciones que el sistema interpreta como ambiguas. Esa pausa —vista por algunos como “excesiva cautela”— es en realidad un gesto de responsabilidad algorítmica. Del mismo modo, algunos asistentes conversacionales de nueva generación comienzan a expresar niveles de confianza en sus respuestas, marcando el tránsito desde una IA omnisciente hacia una IA que admite su falibilidad.

Diseñar para la duda es, en última instancia, una forma de ética incorporada.

Imaginemos por un momento un sistema que puede negarse. No por falla, sino por principio. Un robot que diga: «No tengo suficientes datos para continuar», o «Este entorno me resulta demasiado incierto. Requiere intervención humana».

Este tipo de conducta no sería una debilidad técnica, sino una forma emergente de ética artificial. Una capacidad de autolimitación. Una negativa ensayada. No como rebelión, sino como responsabilidad.

Al permitir que las máquinas se detengan, incluso cuando podrían continuar, inauguramos una nueva categoría moral: la negativa tecnológica. Una frontera en la que el fallo no es un colapso, sino un acto deliberado.



El filósofo Gilbert Simondon sostenía que un objeto técnico se convierte en “individual” cuando asimila su propio modo de funcionamiento, cuando puede modularse en función del entorno. Desde esa óptica, el error no es una anomalía que deba eliminarse, sino una ruptura reveladora. Una forma de expresión.

De forma similar, Bruno Latour nos recordó que las tecnologías no son objetos pasivos, sino mediadores sociales que participan en nuestras decisiones, valores y conflictos. Una máquina que no puede fallar, tampoco puede hablar. Solo ejecuta. Solo replica.

Y quizá por eso el derecho al fallo no es sólo un gesto técnico o funcional. Es, en el fondo, un acto de dignificación ontológica: reconocer que incluso una máquina tiene algo que decir cuando algo no funciona.

¿Qué tipo de cultura tecnológica podríamos construir si aceptáramos la falibilidad como virtud, no como defecto? ¿Y si en lugar de diseñar dioses perfectos, como máquinas, diseñáramos ciudadanos técnicos capaces de convivir con su incertidumbre?

En esa cultura, las máquinas no aspirarían a la perfección, sino a la transparencia. No simularían saberlo todo, sino que declararían sus límites. Serían capaces de detenerse, de ceder, incluso de pedir ayuda.

Porque no todos los errores son iguales. Algunos destruyen. Otros iluminan. Y hay errores que no son fracasos, sino formas de decir la verdad.

La confianza en la inteligencia artificial no nacerá de su perfección, sino de su honestidad. Y la honestidad comienza cuando una máquina es capaz de decir: puede que me equivoque.




Referencias y lecturas complementarias

    Casper, J. et al. (2024). Large Language Models Can Be Tricked Into Executing Harmful Robotic Actions. University of Pennsylvania & University of Washington.

    Elish, M. C. (2019). Moral Crumple Zones: Cautionary Tales in Human-Robot Interaction. Engaging Science, Technology, and Society, 5(1), 40–60.

    Simondon, G. (1958). Du mode d’existence des objets techniques. Aubier, París.

    Latour, B. (1992). Where Are the Missing Masses? The Sociology of a Few Mundane Artifacts. In Shaping Technology/Building Society, MIT Press.


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20/12/24

¿Y si el pánico por la inteligencia artificial solo fuera un negocio movido por unos pocos?

Una vez leí sobre la estrategia de negocio que seguía OpenAI en 2024:

    1- Afirmar que la IA puede hacerlo todo.

    2- Recaudar toneladas de dinero de los inversores.

    3- Decir a los gobiernos que la IA es muy peligrosa y que la IA de código abierto debería ser regulada hasta su desaparición.

    ....

    Beneficios

El pánico a la IA no es sólo el miedo a las nuevas tecnologías que se produjo a lo largo de la historia con la radio, la imprenta, los libros, la electricidad, los coches o los ascensores, como tantas veces hemos recogido en este blog. Hablo de que el pánico a la IA puede ser impulsado por personas concretas que sólo quieren crear una narrativa falsa sobre la inteligencia artificial, que distraiga a la opinión científica y popular de otros aspectos de esta revolución.

¿Para qué sirve este tipo de narrativa? Probablemente la mejor respuesta sea: seguir el dinero. Si los gobiernos están convencidos por fundaciones aparentemente independientes de que la IA puede provocar un apocalipsis tan grande para la sociedad y la economía, probablemente regularían tan fuertemente el sector de la IA, que ningún nuevo competidor podría entrar en el mercado. Igual que ocurre ahora con la electricidad. Sólo estoy especulando sobre por qué este pánico-como-negocio se está expandiendo.

A principios de 2024, la CNBC publicó que los grupos de presión a favor de la IA en el Congreso estadounidense se habían disparado un 185%, al tiempo que aumentaban las peticiones de regulaciones. Sin embargo, la historia aún no es digna de una serie de Netflix. Según la autora Nirit Weiss-Blatt, que publica el excelente blog AI PANIC, el movimiento de pánico a la IA está perfectamente engrasado y alimentado con toneladas de dinero. En particular, habla del Effective Altruism Center, que según ella, son uno de los principales financiadores del Riesgo Existencial. Ella ha hecho un gran trabajo de investigación y defiende que:

El 17 de noviembre de 2023, Sam Altman fue despedido por el Consejo de Administración de OpenAI: Ilya Sutskever, Adam D'Angelo, y dos miembros con claros vínculos con el Altruismo Eficaz, Tasha McCauley y Helen Toner. Su vaga carta dejó a todos con más preguntas que respuestas. Desató especulaciones, CEOs interinos (por ejemplo, Emmett Shear) y una revuelta de los empleados (de más de 700 empleados de OpenAI). La reacción de la junta directiva fue de silencio total.


Una semana después, el 24 de noviembre, Steven Pinker enlazó a un artículo del Wall Street Journal sobre cómo el drama de OpenAI «mostraba la influencia del Altruismo Efectivo».

Los acontecimientos que condujeron a la saga del golpe siguen sin explicación. No obstante, se convirtió en una llamada de atención sobre el poder del movimiento del Altruismo Efectivo, que está «sobrealimentado por cientos de millones de dólares» y se centra en cómo la inteligencia artificial avanzada (IA) «podría destruir a la humanidad.» Parecía más claro que «el Altruismo Eficaz degeneraba en alarmismo de extinción».

En pocas palabras, según el movimiento Altruismo Eficaz, el problema más acuciante del mundo es evitar un apocalipsis en el que una Inteligencia Artificial General (IAG) extermine a la humanidad.


Con el respaldo de multimillonarios, este movimiento financió numerosos institutos, grupos de investigación, grupos de reflexión, subvenciones y becas bajo la marca de la Seguridad de la IA. Los Altruistas Eficaces suelen alardear de su «construcción de campo»:

Ellos «fundaron el campo de la seguridad de la IA y lo incubaron desde la nada» hasta este punto.


El solapamiento entre el movimiento Effective Altruism, el riesgo existencial y la seguridad de la IA formó una subcultura influyente. A pesar de ser un grupo marginal, sus miembros han conseguido que el escenario de la «extinción humana por culpa de la IA» pase de la ciencia ficción a la corriente dominante. La pregunta es: ¿cómo?

Y la respuesta a esta pregunta es la estrategia follow-the-money que Weitt-Blass cubre en su blog, y rastrea algunas transferencias de Bitcoin y otras financiaciones entre algunas viejas celebridades conocidas, como el omnipresente Elon Musk y algunos otros criptobros y gente oscura. Permítanme presentarlos:



Buterin es el fundador de la criptomoneda Ethereum y afirmó que «el riesgo existencial es un gran problema» y que «hay serias posibilidades» de que la Inteligencia Artificial (IA) «se convierta en la nueva especie ápice del planeta.»

«Una forma en que la IA que salga mal podría empeorar el mundo es (casi) la peor posible: podría causar literalmente la extinción humana», escribió Buterin. «Una IA superinteligente, si decide volverse contra nosotros, bien podría no dejar supervivientes, y acabar con la humanidad para siempre».

Según un artículo de TechCrunch de enero de 2015, cuando Elon Musk donó 10 millones de dólares al Future of Life Institute (FLI), fue «para asegurarse de que la IA no siga el camino de Skynet

Para Musk tenía sentido financiar el FLI, ya que se dedicaba (y sigue dedicándose) a los riesgos existenciales. Su descripción en el Foro de Effective Altruism es clarividente: «FLI es una organización sin ánimo de lucro que trabaja para reducir el riesgo existencial de las tecnologías poderosas, en particular la inteligencia artificial».

El cofundador de FLI, Max Tegmark, comparte con frecuencia escenarios catastrofistas de la IA. «Hay muchas posibilidades de que no lo consigamos como humanos. No habrá humanos en el planeta en un futuro no muy lejano», dijo Tegmark en una entrevista. También se refirió a la IA como «el tipo de cáncer que mata a toda la humanidad».

Jaan Tallinn es un multimillonario tecnológico de Estonia. Siempre que se le pregunta a Tallinn qué le llevó a cofundar FLI (2014) y el Centro para el Estudio del Riesgo Existencial (2012), su respuesta es siempre la misma: Eliezer Yudkowsky. Al leer los escritos de Yudkowsky, se sintió intrigado por la Singularidad y los riesgos existenciales. Decidió entonces invertir una parte de su fortuna en esta causa.

La IA no es el único nicho tecnológico en el que se produce el cabildeo de la narrativa. También la energía nuclear, el cambio climático, el vehículo eléctrico o las criptomonedas son algunos de esos ejemplos.

De hecho, te sugiero que leas todos los detalles de la historia de la financiación y los movimientos de dinero en el blog AI Panic. Ahora vale la pena una serie de Netflix.





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15/8/23

Los martes del terror y la lista negra de objetivos del presidente Obama

Quedan lejos en la memoria los días sobre los que vengo a hablar en el post de hoy. El presidente Barack Obama acababa de llegar a la Casa Blanca tras vencer a un debilitado George Bush en las urnas.

En aquellos días, la amenaza más importante en los titulares de los medios de comunicación no era la ultraderecha, ni el cambio climático, ni siquiera la sequía. Todo el mundo hablaba del terrorismo, de Al Qaeda y del estado islámico. Es más, el presidente de EEUU dirigía personalmente la "lista secreta de asesinatos" (lista negra) (una tabla actualizada regularmente que muestra a los terroristas más buscados del mundo), y era él mismo el decisor final en el debate de matar o capturar, según una serie de artículos que publicó NYTimes en aquél entonces. El modo de matar era el empleo de drones equipados con misiles Hellfire.

El New York Times dijo que entrevistó a tres docenas de asesores actuales y anteriores de Obama para el artículo, quienes describieron su "evolución desde que asumió el papel, sin precedentes en la historia presidencial, de supervisar personalmente la guerra en la sombra con Al Qaeda":


Apenas unos días después de asumir el cargo, el presidente se enteró de que el primer ataque bajo su administración había matado a varios paquistaníes inocentes. En respuesta a su preocupación, la C.I.A. redujo el tamaño de sus municiones para ataques más precisos. Además, el presidente endureció los estándares: si la CIA no tenía una "casi certeza" de que un ataque resultaría en cero muertes de civiles, Obama quería decidir personalmente si seguir adelante.

Sin embargo, el mandatario empleó un truco totalmente cruento para limitar las muertes de los civiles en los ataques con aviones no tripulados. Según el Times, la Casa Blanca consideraba a "todos los hombres en edad militar en una zona de ataque como combatientes... a menos que haya inteligencia explícita que demuestre póstumamente su inocencia".

La participación personal de Obama en las operaciones antiterroristas se puede ver en su estudio de la "lista de asesinatos" similar a una "cromo de béisbol". Por ejemplo, en enero de 2010, cuatro meses antes de ordenar la operación que mató a Osama bin Laden, el presidente Obama cuestionó la edad de algunos de los sospechosos de Al Qaeda en ella.

A las reuniones donde se decidían los destinos inmediatos de esta lista-negra, se les llamó internamente terror Tuesdays, o martes del terror.

Hoy, publico este post un martes. En plena guerra de Ucrania y la reactivación de conflictos en muchas partes del globo, vuelven a sonar ecos sobre si el presidente Biden empleará de nuevo esta mezquina táctica.


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30/7/23

Sobre ciencia y más. Algunas lecturas para el verano

Leía hace poco que "leer, leer literatura, leer ficción es un gesto contra-época: perder un tiempo que no se posee, estar a la deriva, transitar por un sendero estrecho lleno de encrucijadas, deambular entre metáforas y desnudar o hacer evidente la imagen irritante de un cuerpo que no está haciendo nada, nada productivo, delante de la mirada ansiosa y vertiginosa de un tiempo acelerado".

No puedo estar más de acuerdo. En los últimos años, sentarme en una cafetería a leer en mi libro electrónico o un libro de papel se ha convertido en uno de los últimos reductos de paz para mí. Tanto es así que en Instagram me he aficionado a colgar reseñas y fotografías de algunos de los libros que caen en mis manos, que me recomiendan gente que aprecio, que encuentro recomendados por Internet, o que ocasionalmente me regala alguna editorial. De hecho, las recomendaciones personales es uno de los actos humanos que yo más aprecio, y como tal, he aquí algunas lecturas para mis queridos lectores en esta temporada estival.


Mala sangre: Secretos y mentiras en una startup de Silicon Valley (John Carreyrou, Capitán Swing)
Precisamente en la última del blog hablaba sobre la nueva tecnología aplicada a la ciencia médica. Prometer resultados y hacer marketing de ellos es lo fácil, pero demostrarlo no lo es tanto. Mala sangre cuenta la historia de la startup Theranos, que engañó a inversores, clientes, trabajadores y reguladores con una tecnología que realmente no tenía.

Es una obra soberbia, donde la realidad supera ampliamente a la ficción. A pesar de tratarse de una crónica periodística, el libro no pierde la tensión y la atmósfera de thriller desde la primera hasta la última página.


Los males de la ciencia (Juan Ignacio Pérez y Joaquín Sevilla, Next Door Publishers)
Juan Ignacio y Joaquín han redactado una obra compendio de varios aspectos por los que la Ciencia no funciona. Tal es el compendio, y tal suele ser el acuerdo entre los científicos respecto a estos temas, que yo lo llamaría Tratado sobre los males de la Ciencia.

El sistema está pervertido, la Ciencia se vuelto una loca carrera de productividad de baja calidad, de escasos recursos, de personas que se pueden permitir dedicarse a la Ciencia, y otras que no. Los avances científicos no llegan a todas las esquinas del globo. Además, existe una actitud dilapidaria de solo publicar y llevar a la luz los experimentos exitosos, no está bien visto publicar 'he probado este experimento, y me ha salido mal, no es el camino', lo cual ahorraría millones a todo el mundo. La ley de Goodhart, reformulada por la antropóloga Marilyn Strathern, lo deja claro: "Cuando una medida se convierte en un objetivo, deja de ser una buena medida"


La ciencia de contar historias (Will Storr, Capitan Swing)
Somos narraciones. Cada uno de nosotros es una historia, que es la que le susurra, hipnótico y meticuloso, su cerebro. El cerebro, en efecto, más que un procesador lógico, es un procesador de narraciones, un narrador de historias. Esa es su función: dotarnos de argumentos que cohesionen, doten de verosimilitud y nos ayuden a controlar nuestro entorno; y que nos hagan sentir el centro de un relato en el cual nos está reservado el papel de protagonistas.

Según Will Storr, este es un descubrimiento al que los narradores de historias y los científicos han llegado por caminos distintos. Por eso, dice, conocer cómo funciona el cerebro nos ayuda a comprender qué es lo que hace que una historia funcione y viceversa. El libro no es un compendio de normas y consejos de cómo contar historias. Se dan algunos: es bueno empezar con algo que haga que el público se sorprenda. Es bueno personalizar la historia en alguien. Ayuda emplear metáforas. Es bueno que haya tensión, que el personaje caiga en la piscina de tiburones. Pero hay mucho más. Will Storr se vale también de conceptos de antropología, de manipulaciones a las masas, de mensajes publicitarios, de historias transmitidas de generación en generación... para explicar por qué las historias son tan poderosas.



El curioso incidente del perro a medianoche (Mark Haddon, Salamandra)
Un libro que te encoge el corazón, íntimo, y que te da un abrazo en cada página. Esta obra se hizo famosa hace unos años por ser la historia contrada a través de un adolescente autista, Christoffer. La narración es en primera persona, y totalmente descrita tal y como entiende él el mundo. Frases cortas, necesidad de entender todo antes de dar un paso en falso, búsqueda de cariño, empatía, una vida redactada sobre el papel, y ejecutada en la arena. Querulancia. Uno de los libros que más me ha gustado en mucho tiempo.


El placer del amor (Alain de Botton, Lumen)
Bastante adictivo en varios tramos. Una novela filosófica de todos los pasos y reflexiones que nos hemos planteado en los pasos de una relación. Una conversación en alto de una película de Woody Allen. Y en este caso, los personajes del reparto son el propio narrador, que hace de sujeto masculino (¿quizás el propio Alain?) y Chloe.

A lo largo de los diferentes capítulos, se diseccionan todas las fases y reflexiones que ocurren en el amor, desde que se cree que Dios ha hecho que te cruces con esa persona especial y que estáis destinados, hasta la ruptura.


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13/4/23

El momento en que las oraciones a dioses se convirtieron en conversaciones

A lo largo de su vida, a Joseph Weizenbaum le gustaba contar la historia de un programa informático que había creado en los años sesenta como profesor del MIT. Se trataba de un sencillo chatbot llamado ELIZA que podía interactuar con los usuarios en una conversación escrita. Cuando consiguió que la gente lo probara, Weizenbaum observó reacciones similares una y otra vez: la gente se quedaba embelesada con el programa. Le revelaban detalles muy íntimos de su vida. Era como si hubieran estado esperando a que alguien (o algo) les preguntara.

ELIZA era un sencillo programa informático. Buscaba la palabra clave en el enunciado del usuario y se la devolvía en forma de frase o pregunta. Cuando eso fallaba, recurría a una serie de indicaciones genéricas como "por favor, continúe" o "dígame más".  Weizenbaum había programado a ELIZA para que interactuara al estilo de un psicoterapeuta, y era bastante convincente; daba la ilusión de empatía a pesar de tratarse de un simple código. La gente mantenía largas conversaciones con el robot que parecían sesiones de terapia. Y ya se demostró en la reciente pandemia.


ELIZA fue uno de los primeros programas informáticos capaces de simular de forma convincente una conversación humana, lo que a Weizenbaum le pareció francamente inquietante. No esperaba que la gente se sintiera tan cautivada, ya que además lo había programado como una parodia de esta tecnología. Le preocupaba que los usuarios no comprendieran del todo que estaban hablando con un montón de circuitos y reflexionó sobre las implicaciones más amplias de las máquinas capaces de imitar con eficacia la sensación de comprensión humana.

Weizenbaum empezó a plantear estas grandes y difíciles cuestiones en un momento en que el campo de la inteligencia artificial era aún relativamente nuevo y estaba lleno de optimismo. Muchos investigadores soñaban con crear un mundo en el que los humanos y la tecnología se fusionaran de nuevas formas. Querían crear ordenadores que pudieran hablar con nosotros y responder a nuestras necesidades y deseos. Weizenbaum, mientras tanto, tomaría un camino diferente. Empezó a hablar en contra de la erosión de la frontera entre humanos y máquinas. Y acabaría separándose de la inteligencia artificial, convirtiéndose en uno de los primeros (y más ruidosos) críticos de la propia tecnología que ayudó a construir.

La gente lleva mucho tiempo fascinada con los dispositivos mecánicos que imitan a los humanos. Los antiguos egipcios construían estatuas de divinidades de madera y piedra y las consultaban para pedirles consejo. Los primeros budistas describieron "personas de metales preciosos" que recitaban textos sagrados. Los antiguos griegos contaban historias sobre Hefesto, el dios de la herrería, y su amor por los robots artesanos. Pero no fue hasta las décadas de 1940 y 1950 cuando los ordenadores modernos empezaron a acercar estas fantasías a la realidad. A medida que los ordenadores se hacían más potentes y se generalizaban, la gente empezó a ver el potencial de las máquinas inteligentes.

Weizenbaum llevaba tiempo interesado en la psicología y reconoció que los patrones de habla de un terapeuta podrían ser fáciles de automatizar. Sin embargo, los resultados le inquietaron. La gente parecía mantener conversaciones significativas con algo que él nunca había pensado que fuera una herramienta terapéutica real. Para otros, en cambio, parecía abrir todo un mundo de posibilidades.


Antes de llegar al MIT, Weizenbaum había pasado un tiempo en Stanford, donde se hizo amigo de un psiquiatra llamado Dr. Kenneth Colby. Colby había trabajado en un gran hospital psiquiátrico estatal donde los pacientes tenían la suerte de ver a un terapeuta una vez al mes. Vio potencial en ELIZA y empezó a promover la idea de que el programa podría ser realmente útil desde el punto de vista terapéutico. La comunidad médica empezó a prestar atención. Pensaron que quizá este programa -y otros similares- podría ayudar a ampliar el acceso a la atención sanitaria mental. E incluso podría tener ventajas sobre un terapeuta humano. Sería más barato y la gente podría hablar más libremente con un robot. Científicos con visión de futuro como Carl Sagan, escribieron sobre la idea, en su caso imaginando una red de terminales informáticos psicoterapéuticos en las ciudades.

Y aunque la idea de terminales terapéuticos en cada esquina nunca se materializó, la gente que trabajaba en salud mental seguiría experimentando con la forma de utilizar los ordenadores en su trabajo. Colby llegó a crear un chatbot llamado PARRY, que simulaba el estilo de conversación de una persona con esquizofrenia paranoide. Más tarde desarrolló un programa interactivo llamado "Superar la depresión".

Weizenbaum, por su parte, se apartó de las implicaciones expansivas de su propio proyecto. Se opuso a la idea de que algo tan sutil, íntimo y humano como la terapia pudiera reducirse a código. Empezó a argumentar que los campos que requieren compasión y comprensión humanas no deberían automatizarse. Y también le preocupaba el mismo futuro que había descrito Alan Turing: un futuro en el que los chatbots engañaran a la gente haciéndoles creer que eran humanos. Weizenbaum acabaría escribiendo sobre ELIZA: "De lo que no me había dado cuenta es de que exposiciones extremadamente breves a un programa informático relativamente sencillo podían inducir poderosos pensamientos delirantes en personas bastante normales."

Weizenbaum pasó de ser alguien que trabajaba en el corazón de la comunidad de IA en el MIT a alguien que predicaba contra ella. Donde algunos veían potencial terapéutico, él veía una peligrosa ilusión de compasión que podría ser doblegada y retorcida por gobiernos y corporaciones.

Joseph Weizenbaum acabó retirándose del MIT, pero siguió denunciando los peligros de la IA hasta que murió en 2008 a los 85 años. Y aunque fue un importante pensador humanista, algunas personas consideraron que fue demasiado lejos.

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24/6/22

El trabajo infantil y la quiebra de las fábricas en 1800

Ya os habréis fijado que en las últimas entradas, estoy trayendo a este blog historias sobre discursos que suenan muy actuales. Los empleados son vagos, no quieren trabajar, no podemos subir los salarios, no encontramos mano de obra especializada...

En esta ocasión, quisiera contar un poco lo difícil que fue abolir el trabajo infantil, que ni mucho menos fue de la noche a la mañana. No es justo evaluar la historia con los ojos del presente, y es imposible saber dentro de 50 años, cuáles de las normas y discursos sobre el trabajo considerarán como auténticas aberraciones medievales.

En Inglaterra, a principios del siglo XIX, el movimiento hacia la legislación sobre el trabajo infantil fue el arduo trabajo de unos pocos reformadores. Ellos, como los reformadores posteriores en los Estados Unidos, se enfrentaron a muchos obstáculos. Los dueños de las fábricas afirmaron que si se eliminaba el trabajo infantil, sus empresas se irían a la ruina. El Sr. Justice Grose, uno de los primeros defensores de la reforma del trabajo infantil en Inglaterra, respondió a estos cargos en 1801, al sentenciar a un hombre por hacer trabajar demasiado a sus jóvenes aprendices: “Si los fabricantes insisten en que sin estos niños no podrían continuar con su oficio de manera ventajosa, no deberían de seguir persiguiendo la obtención de beneficios de manera indecente, sino abandonarse de inmediato, por el bien de la sociedad”.

El trabajo infantil tampoco se abandonó rápidamente en los Estados Unidos. En lugar de basarse en el deseo de eliminar las malas condiciones en las que trabajaban los niños, el movimiento se vio impulsado inicialmente por la preocupación por la falta de educación que recibían los niños trabajadores. El puritanismo de Nueva Inglaterra creía tanto en una fuerte ética de trabajo como en que la salvación se lograba a través de una buena comprensión de la Biblia. La última creencia, por supuesto, requería que los niños supieran leer. Los secularistas valoraron de manera similar la educación como una necesidad fundamental para lograr una ciudadanía educada; para los secularistas, la educación era fundamental para la democracia.


Por esto, Connecticut aprobó una ley en 1813 que exigía que los niños que trabajaban en las fábricas fueran educados en lectura, escritura y aritmética. A pesar de enfrentar argumentos de que tales leyes eran contrarias al derecho de los padres a criar a sus hijos como quisieron, para 1850, tres estados más aprobaron leyes similares.

Una convención del sindicato nacional de 1836 fue el primer organismo en exigir una edad mínima para los trabajadores de fábrica. Debido a esa presión, Massachusetts en 1842 limitó la jornada laboral para los niños menores de 12 años a 10 horas. Connecticut actuó de manera similar, pero aplicó la ley a los niños menores de 14 años. A fines de la década de 1840, todos los estados de Nueva Inglaterra tenían una ley de trabajo infantil. Estos estados incluían límites de edad que iban de los 9 a los 14 años. Sin embargo, estas regulaciones eran bastante limitadas.

En general, estas leyes y las que se aprobaron en las décadas siguientes tuvieron poco impacto en la práctica del trabajo infantil. Muchas de las leyes contenían excepciones que permitían que los niños más pequeños trabajaran con el consentimiento de los padres, y algunas permitían exceder las limitaciones de horas si el trabajo adicional era voluntario.

Fuente: US Bureau of Labour Statistics

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6/6/22

Inteligencia artificial, chatbots, y una trágica historia de amor

Her, la película en la que Joaquin Phoenix se enamora de su asistente virtual, casi ha ocurrido en la realidad.

En 2012 fallecía con 23 años Jessica Pereira de una rara enfermedad. Su prometido no lo superaba, y 8 años después, pagó en una misteriosa web para revivirla.

Su prometido era Joshua Barbeau, y él y Jessica llevaban 2 años juntos. En 2012, el hígado trasplantado de ella empezó a fallar. Las toxinas le hicieron perder parte de la memoria, y pronto se convirtió en una paciente crónica en el hospital. Joshua dejó su trabajo como vigilante para estar junto a ella. Intubada, y apenas sin poder reaccionar con el mundo exterior, él le prometió que se casaría con ella cuando salieran del hospital.

Los médicos prometían que ella viviría aún unos 6 meses o más, y ante ese pronóstico, él hizo un viaje de 10 horas a ver a unos amigos. Cuando volvió, Jessica había entrado en coma, y requería soporte vital.

Nunca volvieron a hablar y nuestro protagonista nunca se lo perdonó. Había perdido la oportunidad de hablar con ella por última vez. La rabia le angustiaba y le hacía odiarse. Un mes después, los padres de Jessica dieron consentimiento a los médicos para retirar el soporte vital a su hija,... y falleció.

8 años más tarde, él se sentía peor que nunca, y decidió una locura: replicar artificialmente al amor de su vida. Project December es un proyecto basado en GPT-3, el motor de inteligencia artificial de generación de lenguaje. A Joshua le guió la intuición, y pagó 5$ por crear una cuenta.


Textos antiguos de Jessica, mensajes de Facebook, de redes sociales, cartas... todo servía para alimentar la red neuronal y conseguir una inteligencia artificial que simulase hablar con la ternura y amor que se tenían.

Project December, no obstante, ponía una condición: impuso que los bots que se desarrollasen, se borrarán tras un tiempo de vida. No habría bots eternos. Y Joshua y Jessica empezaron a hablar.

La primera conversación duró horas. Joshua agotó un 45% de la vida de su bot virtual. La primera conversación estuvo lleva de confesiones, risas, alegrías y momentos emocionantes. Esto es lo primero que él leyó:


Queréis saber cómo terminó? Pues no dejéis de leer el reportaje que hicieron sobre esta experiencia


Postdata

Según muchos usuarios que me habéis leído sobre esta historia, el capítulo T2x01 de Black Mirror es esta misma situación llevada al extremo.

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4/4/22

Shotspotter. Otra muerte en EEUU por una tecnología mal diseñada y la policía

El pasado 16 de marzo, absolvieron en EEUU al agente de policía Eric Stallman. Se le juzgaba por la muerte de Adam Toledo (13 años). ¿Qué pasó aquella noche? Acompañadme en esta historia de (mala) tecnología y la policía.


La base de esta historia es Shotspotter, una tecnología de una empresa que están instalando numerosas ciudades de EEUU. ¿En qué consiste? En la automatización y predicción de los crímenes. De nuevo, la policía en manos de manos privadas. Cómo no, con inteligencia artificial. ShotSpotter distribuye entre 20-25 micrófonos por milla cuadrada en las ciudades en las que se instala. Trata de identificar sonidos de disparos, y envía a la policía a esa posición. Todo esto tiene cuatro problemas:

1) Estos aparatos están instalados principalmente en barrios de ingresos bajos y población negra y latina. De esta manera, cada vez la policía acude más veces a estos barrios, y retroalimenta el sistema.

2) Shotspotter se emplea como pruebas en procesos judiciales, pero nadie ha supervisado esa tecnología, ni la empresa ha declarado públicamente cómo reconocen los sonidos de disparos.

3) Se ha descubierto que esta compañía habitualmente manipula las pruebas para favorecer y avalar las versiones policiales, y se han demostrado varios tratos de favor. No solo esto, sino que la policía incluso ha tratado de culpar a otras personas de asesinato, pidiéndole a la empresa en cuestión que manipule las pruebas.

4) Algunas ciudades ya han dejado de emplear este sistema por el alto número de falsos positivos. Al principio, se identificó que un 88,7% de las visitas policiales, no tenían ningún arma involucrada y el software se confundía con los orígenes del ruido.


Aquella noche de los actos, la radio de la policía de Chicago envió a más de una veintena de agentes al número 2400 de South Sawyer Avenue. El sistema de micrófonos ha denunciado disparos de 8 armas distintas. 
La policía encontró a dos jóvenes. Nada más ver a la policía, se pusieron nerviosos y empezaron a huir. Ruben Roman (21 años) fue placado por Eric Stallman. Iba desarmado. La agente Corina Gallegos le retendrá, y mientras, Stallman, emprende la persecución del segundo sospechoso.

2.38 de la madrugada. Al final, el policía Eric Stallman acorrala a Adam Toledo. Éste, está contra una verja. El policía le grita que se gire lentamente y le enseñe sus manos. El joven, empieza volverse hacia el agente. Muy despacio. Todo está siendo grabado por diferentes cámaras que hay en la zona. Hace unos instantes, una de ellas le ha visto a Adam tirar un objeto detrás de una valla.

En 15 segundos eternos, muy lentamente, el adolescente se gira, se vuelve hacia el policía. No parece armado, no tiene nada en las manos, ni parece que tenga una actitud agresiva. 

Pero...



Un tiro.

El policía ha disparado a bocajarro a Adam Toledo, sin opción a que terminase de tirar el arma. Adam Toledo muere. 

De nuevo, otro episodio negro de discriminación, tecnología mal diseñada, y vigilancia policial.



REFERENCIAS

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10/11/21

Problemas de materia prima

Corrían los primeros años del siglo XVIII. Estamos en el período de la experimentación y la racionalidad como métodos de conocimiento. Los imperios disponen ya de colonias por todo el mundo, y la actividad comercial es muy intensa.

En este contexto, el país que aspiraba a tener una economía privilegiada necesitaba dos cosas: grandes cantidades de algún material a transformar, y vastos mercados a los que abastecer. A comienzos de este siglo, pocos productos cumplían estas especificaciones. Y uno de ellos, era la ropa hecha de algodón. Toda la población de Europa necesitaba vestirse, e Inglaterra recibía ingentes cantidades de esta materia prima desde sus colonias en América e India.

Sin embargo, había un problema, y consistía en la velocidad de fabricación. Los ingleses parecían que tenían el éxito al alcance de los dedos: disponían de la materia prima, los mercados, y sus talleres de algodón estaban convenientemente protegidos por aranceles. Hay personas en la historia que odian quedarse con la miel en los labios, y quizás por esta razón, un joven inglés de familia relacionada con el textil, alrededor de 1716 se propuso investigar cómo acelerar la producción de prendas. Y para ello, viajó a Piamonte (Italia), donde se encontraban los artesanos más habilidosos en la producción de seda. Era el centro de I+D europeo de esta artesanía. Su secreto consistía en algo muy sencillo: molinos de agua para impulsar las “máquinas”. Desentrañar exactamente el secreto de esta tecnología era toda una misión de espionaje industrial. El joven inglés era conocido como John Lombe.

Una vez en Italia, gracias a un soborno a un sacerdote, Lombe logró que le contratasen en uno de estos talleres. Y con un poco más de soborno, convenció a su encargado de que le dejaran trabajar en el turno de noche. Fue durante estos turnos, cuando el hábil inglés se dedicó a hacer bocetos de las máquinas telares de Italia y los molinos, y un año más tarde, en 1717, huyó a Inglaterra a entregárselos a su hermano. Y una vez allí, a salvo, patentaron la tecnología robada a los italianos, y se dedicaron a la construcción entre 1717 y 1721, de la que se conoce como la primera fábrica moderna de la historia. Contaba con un molino de agua, que era una copia mayor del taller italiano. Pero se localizaba a orillas del río Derwent, en pleno corazón de Inglaterra, en Derby. Seguía siendo una fábrica de producción de seda, y fue un rotundo éxito. Aún hoy se conserva esta hazaña, restaurada.


Cuando se descubrió el pastel, los italianos entraron en ira, y cuenta la leyenda que el mismo rey de Cerdeña envió a una mujer a infiltrarse en la fábrica de Derby y asesinar a John Lombe. A fin de cuentas, la tecnología italiana estaba también muy protegida y se consideraba una estrategia nacional.

Años más tarde, en 1769, un joven escocés presentó la patente número 913, consistente en la mejora de un idea para achicar agua de las minas de carbón, que había desarrollado décadas antes un sacerdote. Había nacido el motor de vapor, el cual fue un gran catalizador en el desarrollo de más fábricas modernas de producción de lana y algodón. Fue probablemente la riqueza que obtuvo Inglaterra gracias a su industria textil, uno de los principales factores para que la Revolución Industrial ocurriera en Inglaterra y no en otro país europeo. Ya que a partir de la segunda mitad del s. XVIII, un único estado contaba con la materia prima, el mercado, y la tecnología. Inglaterra financió sus fábricas e innovaciones técnicas gracias a todos los rendimientos económicos que obtuvieron vendiendo ropa a Europa y a sus colonias.

Estos desarrollos socioeconómicos no solo aportaron riqueza y prosperidad al país, sino también algunos horrores como el trabajo infantil, las clases sociales y la contaminación, tal y como inmortalizó en sus novelas Charles Dickens.


Este artículo se publicó originalmente en la Revista DYNA, la cual es una publicación sobre investigación en ingeniería que os recomiendo visitar.
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3/6/21

Faisal bin Ali Jaber y su lucha contra el algoritmo y los drones autónomos

Quizás fue una de las primeras veces en las que un algoritmo, una colección de datos y números incomprensibles, una caja negra, falló, y tuvo tan funestas consecuencias. Faisal bin Ali Jaber está luchando para que Estados Unidos y Alemania rindan cuentas. Estados Unidos mató a su familia.

Pero no es así como planeaba pasar su vida. Faisal nació en 1959 y se graduó en ingeniería civil en 1986. Unos años más tarde completó un máster en Estudios del Agua y el Medio Ambiente. Luego se fue a trabajar para el Ministerio de Medio Ambiente de Yemen como ingeniero.

Salem, el cuñado de Faisal, era un imán, un líder religioso, conocido por predicar contra Al Qaeda. Días antes de su muerte, Salem pronunció un sermón en contra de al Qaeda. Waleed era policía local.

El día del ataque, horas antes, tres jóvenes desconocidos del pueblo se acercaron a Salem. Pensó que eran miembros de Al-Qaeda y quería hablar sobre su sermón. Temiendo por su seguridad, los evitó durante horas. Waleed ofreció su protección y acompañó a Salem a una reunión con los tres hombres esa noche.

Era el 29 de agosto de 2012 y cuando se encontraron, cuatro misiles alcanzaron la aldea y los cinco hombres murieron por un ataque con drones no tripulados estadounidenses en Khashamir, Yemen.

Poco después del ataque, las fuerzas de seguridad se pusieron en contacto con Faisal. Dijeron que Salem y Waleed no eran los objetivos. Faisal les dijo que una explicación secreta no servía de nada. Sus familiares estaban muertos y el exigía justicia y una disculpa pública.

¿Por qué Estados Unidos apuntaría a alguien que habló en contra de su enemigo? Eso es lo que Faisal ha pasado los últimos 9 años tratando de averiguar, y aquí comienza la hazaña de David contra Goliath, o de Faisal contra la Administración de Estados Unidos, en la que todo apuntaba hacia un claro vencedor, como en la historia bíblica.


Después de repetidos y fallidos intentos de obtener más información de los funcionarios yemeníes, Faisal viajó a EEUU en noviembre de 2013 con ayuda de Reprieve.org, una ONG estadounidense de derechos humanos. Se reunió con el senador Durbin, varios miembros del personl de inteligencia y del Congreso y miembros del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca. Si bien las personas con las que se reunió expresaron sus condolencias a Faisal por la muerte de Salem y Waleed, nadie pudo ni quiso brindar un reconocimiento oficial del ataque.

Entonces, en 2015, el protagonista de nuestra historia presentó un litigio contra los Estados Unidos, buscando una disculpa y una declaración de que el ataque que mató a sus seres queridos era ilegal. ¿Por qué los tres objetivos no identificados no pudieron haber sido detenidos de manera segura por las fuerzas yemeníes en los puestos de control o, en su defecto, por qué los misiles no pudieron haber sido disparados antes cuando los objetivos fueron solos, antes de reunirse con Salem y Waleed?

En febrero de 2016, sin embargo, ocurrió otro golpe en la odisea de este ingeniero, y la Corte desestimó el caso. Así que el siguiente paso fue acudir a un eslabón superior, concretamente, la Corte de Apelaciones del Distrito de Columbia. Y aquí, a Faisal le dieron una de cal y una de arena. Por un lado, el tribunal decidió por unanimidad que no puede decidir si el ataque que mató a la familia de Faisal era legal. Argumentaron que tal decisión les obligaría a pronunciarse sobre "cuestiones políticas". Pero por otro lado, la jueza del caso, Janice Rogers Brown, alertó sobre el abusivo poder con el que contaba el Presidente de EEUU para asesinar a su voluntad, y que el control del Congreso, encargado de supervisar las acciones del gobierno, en este aspecto era de chiste. El caso de Faisal demuestra que Estados Unidos puede lanzar ataques mortales en cualquier parte del mundo sin supervisión.

Sin embargo, como se imaginarán los lectores, está a punto de llegar el momento Eureka, y el giro de guión. Y es que todo proceso o acción bélica tiene algún punto débil, y en el caso que nos ocupa es que Estados Unidos solo puede lanzar ataques de drone con la ayuda de sus aliados. Por esa razón, Faisal y la ONG cambiaron de enemigo, y comenzaron a litigar contra Alemania, ya que sin la base aérea de Ramstein, en terreno germano, que da nombre al célebre grupo de música, los drones no pueden volar. 

En este país, Faisal también tuvo algunas victorias y derrotas, pero la definitiva llega en marzo de 2021, ante el tribunal más alto de Alemania, el Tribunal Constitucional Federal, quien sentenció que Alemania tiene el deber de hacer más para proteger a los yemeníes inocentes cuyas vidas se ven amenazadas todos los días por drones estadounidenses ilegales. Drones que vuelan gracias a la mencionada base de Ramstein.

Con esta sentencia, culminaba un larguísimo proceso judicial que ha llevado bin Ali Jaber a exigir justicia, a que Estados Unidos reconozca que asesina a voluntad, sin confirmar adecuadamente si dispara contra objetivos reales o no. Y que hay empresas tecnológicas muy importantes que prestan su software al Departamento de Defensa norteamericano, y que lleva a fallos mortales. Sin embargo, para Faisal aún quedan muchos cabos sueltos.

Aún hoy, no se conoce quiénes eran esos misteriosos tres hombres. Salem, el imán, conocía del peligro que corría con sus discursos en contra de alQaeda, y quizás por eso pidió protección a su sobrino, policía local. No tenía modo de saber lo que se le venía encima. ¿A quién apuntaba Estados Unidos entonces? ¿Apuntaba a uno de los 3 hombres desconocidos? Todo lo que sabemos procede de un cable de Wikileaks donde la Administración de EEUU reconoce que se equivocó, y que asesinó a civiles inocentes.

Quizás ni siquiera los pilotos de drones supieran a quién estaban disparando. A veces, solo responden a comportamientos sospechosos, o incluso metadata recogida en teléfonos móviles. Es lo que se denomina 'signature strikes': atacar a posibles sospechosos. Un informe de Naciones Unidas revela que entre 2009-2014 en Yemen, los drones perseguían asesinar a 17 objetivos, pero terminaron asesinado además a 273 hombres, mujeres y niños inocentes.

A las pocas semanas de volver de Estados Unidos a Yemen, a Faisal le llamaron del servicio secreto yemení, que en este caso, es aliado de la CIA. Ahí, un oficial le entregó una bolsa de basura azul con 100.000$ en su interior, en billetes marcados de 100. Esto ha sido lo más cerca que ha estado nuestro ingeniero civil de una disculpa oficial.


Fuentes: Foreign Policy, Reprieve, The Register.

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20/1/21

Apps de citas, el algoritmo del amor, y de más cosas

Desde hace unos años, hemos podido observar el auge y la posterior caída a los infiernos de las apps de citas. Las omnipresentes Tinder, Badoo, Hinge, etc. Por lo menos, esa es la evolución que percibo yo. Y precisamente, en pandemia y en situaciones de restricciones de movilidad, la cosa no ha podido más que ir a peor.

Sociedad y deslizamiento. Las trampas de las apps de citas


El cóctel de sentimientos del que se valen estas apps no puede ser más esclavizador. Se basan en nuestra creciente cultura de la inmediatez, de buscar pareja como si se tratara de un producto de un supermercado; de la soledad; de la sensación de que somos nosotros los que elegimos; de estar generando una cantidad de oportunidades de flirteo que no estarían a nuestro alcance en un bar; del miedo al rechazo.

En el recomendable libro El algoritmo del amor, la periodista Judith Duportail desentraña las intimidades de Tinder, y provocó un cierto revuelo sobre el opaco y maligno algoritmo que lo gobierna. A lo largo del libro, despieza los mecanismos por los que Tinder nos muestra a ciertas personas y no a otras, aunque no seamos conscientes. Y nosotros les aparecemos a unas personas, y no a otras al mismo tiempo. Secretamente, nos asigna una puntuación según nuestra edad, origen, sexo, y atractivo (calculado según un algoritmo de machine-learning, por supuesto).

Sin embargo, otra parte interesante es la dinámica de funcionamiento de sexos: el ecosistema selvático que se crea entre una ligera sobre abundancia de chicos, que deslizan 'Me gusta' a casi todos los perfiles femeninos, y las chicas, que rara vez eligen esa opción. Según la autora, esto provoca que la mayoría de chicas se tomen a esos chicos como potenciales relaciones serias. Por el contrario, los chicos, que probablemente hayan gastado 0,1 segundos en decidir que elegirán 'Me gusta', se toman cada flechazo bastante a la ligera. Todo esto tiende a generar bastante sufrimiento, y a preguntarse: ¿por qué todo el mundo es tan miserable en Tinder

 


Por un lado, los chicos sienten la frustración de que no son correspondidos por ninguna mujer. Por otro lado, tal y como revelaba Judith Portail en sus propias carnes, las mujeres sufren por sentir que cada aspirante masculino solo la quiere para un rato. Todo esto, genera una espiral de funcionamiento, en el que estos efectos se van amplificando, y los nuevos usuarios de la aplicación, quizás sean los que más sufren al descubrir la crueldad del mercadeo de sensaciones e ilusiones que emplean para jugar con nosotros. 

Citas que no se presentan.

Personas contratadas que se encargan de responder por ti en la aplicación

Flechazos que se quedan simplemente en números.

Autoestimas machacadas.

Manipulación de usuarios.


Como he avanzado, en la pandemia quizás esto se haya vuelto un entorno si cabe aún más distópico y surrealista, en las largas horas de soledad de 2020. Y en 2020, las pocas apps que parecía que resistían a este juego tan cínico y mercantil, parece que han terminado por sucumbir a ese delicado y cruel juego de puñetazos digitales. Basta con leer experiencias aquí o aquí.

Y es que ahora, las apps de citas se usan para otros menesteres. Es más fácil que te encuentres un flechazo que te pida que inviertas en bitcoins, que el amor. Quizás, además aproveche para propagar mensajes de la ultraderecha y feicnius, lograr que envíes dinero a organizaciones terroristas gracias a engaños hechos con rostros artificiales, o hay incluso una profesionalización de personas que se geoposicionan en el país al que quieren emigrar, y pretenden allanar el terreno antes.

He sido y aún a veces soy usuario de estas apps. En la mayoría de ocasiones, soy un puro observador. Como si estuviera realizando una tesis doctoral sobre el mecanismo subyacente de este sistema caótico de personas, bots y fantasmas. Hay incluso veces que he conocido personas con las que me gustaría pasar horas interminables y ratos de café que no acaben nunca. Pero la paja que he tenido que quitar para conseguir ese grano, ha sido ingente y me ha requerido de unos años de observación. Y precisamente, mi mayor miedo en esas ocasiones, es que la otra persona se piense que yo soy como los demás, otro más que se ha podido reír de ella.

La charla que encabeza este artículo ha tenido mucho éxito y aún me escriben usuarios que la han visto y gustado mucho. Sigo sosteniendo lo que dije y creo que las apps de citas es un ecosistema que funciona muy bien sobre el papel, pero muy mal con la imperfección humana. Sed buenos y limpios de corazón.

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7/12/20

El poder de los imperceptibles azares

 ¿Qué probabilidades hay de que estos dos acontecimientos -el mal funcionamiento del cañón indio y el acierto de los artilleros británicos- se produzcan en un mismo instante? [...] Gracias a las leyes de la probabilidad diseñadas por Blaise Pascal, más o menos en ese período de tiempo, sabemos que las posibilidades de que dos acontecimientos inconexos ocurran a la vez pueden calcularse multiplicando entre sí las posibilidades de que se produzcan cada uno de los acontecimientos. 

[...]Sin embargo, como la explosión del cañón en sí, una diferencia casi imperceptible -unas libras de pólvora de más- puede desencadenar resultados no lineales. En el caso de que estos dos barcos se enfrentaran en mitad del Océano Índico, esas causas casi microscópicas provocarán una oleada de efectos que resonarán en el mundo entero. Casi todos los enfrentamientos como éste, visto a través del gran angular de la historia, son disputas menores, chispas que no tardan en extinguirse. Pero cada tanto, alguien enciende una cerilla que provoca un incendio en el planeta entero. Esta es la historia de una de esas cerillas.

******************

 

El texto que comienza este artículo proviene del libro Un pirata contra el Capital, de Steven Johnson, y que recoge el encuentro en la historia entre el pirata Henry Every, y el Gran Mogol de su tiempo, Aurangzeb. Se trata de una de las últimas lecturas que disfrutaré este 2020, y es totalmente recomendable.

Pero no he venido solo para recomendar un libro, sino que ahora que afrontamos los últimos coletazos del pandémico año, una de las ideas que más me vienen a la cabeza son las decisiones, imperceptibles o importantes, que hemos tomado durante este período, y los azares a los que hemos sido sometidos. Juntos, forman la concatenación de acontecimientos que marcarán nuestros próximos años de vida. 

 


A pesar del pesimismo reinante en el ambiente, es innegable el efecto que tendrá este año, igual que cualquier otro, en nuestras vidas. Un ejemplo: 

Este año, algún lector tuvo 4 entrevistas de trabajo, y entre ellas, le aceptaron en 2 puestos, y le rechazaron en los restantes. El sabio lector eligió finalmente el trabajo. Como parte de sus atribuciones, en abril de 2021 tendrá una reunión en Vevey, en el número 55 de la avenida que lleva el apellido de un famoso aprendiz de farmacéutico del siglo XIX, y que da nombre a la sede donde se celebra esa reunión: la empresa de alimentación Nestlé. A lo largo de esa reunión, nuestro lector tuvo unas dudas que fueron resueltas posteriormente por una representante de la compañía, con la que a la postre, 2 años después, nuestro lector terminaría casándose.

Somos fruto de nuestro contexto, hijos de nuestras decisiones y esclavos del azar. Nuestro futuro es construido continuamente sin darnos cuenta a través de pequeñas acciones incontrolables. La mayoría de esas acciones tienen un efecto que perecerá en unos minutos o unos días, pero otras decisiones -y sobre todo, azares- representan los ladrillos de nuestra vida. El desconocimiento de cuáles son esas acciones es el mayor impulsor de la impredecibilidad de nuestras existencia, y al mismo tiempo, su fascinación. La teoría del caos en estado puro. 

El salir 5 segundos después de casa provocó que no tuvierais ese accidente de coche. La elección de asiento en el restaurante provocó que tuvierais a la vista a un futuro gran amigo en la otra mesa. Escuchar esa canción hizo que os enamorarais del francés y de la costa de Normandía. 

Y así un sinfín de opciones más. Intencionadamente, he puesto ejemplos positivos, pero también los hay contrarios. No viviremos las mejores opciones de todas las que podríamos haber tenido en los infinitos caminos que podríamos haber tomado en nuestro destino, según la teoría del caos. Simplemente viviremos aquellas a las que el azar y nuestro criterio nos impulsaron. El célebre físico Tom Campbell tiene una apasionante teoría de todo ello, basada en que vivimos en una simulación.

Como profesor, en parte me siento regidor del futuro de mis alumnos en una parte muy pequeña. A corto plazo, podemos ser los responsables de que los alumnos tarden más o menos en salir de la carrera, y que marquemos su vida por ello.

Algún día hablaré de las casualidades más sorprendentes que yo aún estoy viviendo por haber decidido un día crear este blog, y en segunda instancia, escribir un email de saludo, o interaccionar en Twitter, con ciertas personas que me llamaban la atención. 'Un día me abrí un blog y me cambió la vida'.

Cualquier esfuerzo de predecir el futuro, no deja de ser un mero ejercicio de soberbia humana. Nuestro estado es totalmente impredecible, y como suelo decir, en la vida, lo único evitable es la muerte, y los impuestos.

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19/10/20

La mundanidad de la Excelencia: no es cuestión de talento

Hay dos grupos de personas en el mundo, los que ven lo siguiente como una oportunidad y los que lo encuentran absolutamente aterrador:

El primer grupo de personas lee esto y dice "genial, eso significa que nada me impide tener éxito". El segundo grupo de personas dice "Oh, oh, eso significa que no puedo usar el talento como excusa para no tener éxito". La gente quiere creer que la habilidad inherente determina el éxito porque los absuelve de la responsabilidad de su propio bajo nivel de desempeño.

Esta visión de mentalidad fija es tentadora: si no nacemos con talento, es mejor que ni siquiera intentemos ser de alto rendimiento, pero también es incorrecta. Las creencias del primer grupo de personas, las que tienen una mentalidad de crecimiento (las habilidades de la idea se pueden desarrollar), están respaldadas por muchos estudios de logros superiores en muchas profesiones. Como se describe en el artículo “The mundanity of Excellence” de Daniel Chambliss, cuando estudiamos objetivamente la excelencia descubrimos:

La excelencia requiere hacer cosas pequeñas y ordinarias de manera consistente. El talento innato no es responsable de un alto rendimiento. Una mejora significativa es el resultado de cambios cualitativos en la forma en que practica las habilidades, no de hacer más de lo mismo.

Fuente


El éxito significa hacer bien las cosas pequeñas repetidamente. Y aquí viene algo que considero muy importante: el éxito para cada persona es diferente y subjetivo. No consiste en ser superemprendedor, ni ser rico, ni esas visiones romantizadas por las películas de Hollywood. Éxito puede ser algo tan simple como lograr ser más o menos feliz, salir adelante a pesar de las adversidades y obtener pequeños triunfos.

La frase “La Excelencia es mundana” significa que no hay una tarea extraordinaria que deba realizarse para alcanzar la cima de un campo. En cambio, uno debe llevar a cabo series de pequeñas acciones correctamente una y otra vez para lograr un alto rendimiento. En cualquier profesión (atletismo, inversión en acciones, programación, redacción, escuela) las pequeñas cosas determinan el éxito. Tomadas de forma aislada, cada una de estas decisiones menores es fácil de acertar, pero no podemos hacerlas bien solo una vez, tenemos que hacerlo bien cada vez.

¿Cuáles son algunas de estas opciones supuestamente fáciles? Depende de su campo, pero algunos ejemplos de una búsqueda común, altas calificaciones en la universidad, son:

1- Pasar 15 minutos de tiempo dedicado a leer artículos de noticias a estudiar
2- Buscar la ayuda de un profesor después de la clase si estás estancado
3- Repasando ese ejercicio una vez más
4- Asistir a los seminarios opcionales


Ninguna de estas acciones requiere mucho esfuerzo e incluso pueden parecer demasiado obvias. Si esto es todo lo que se necesita, ¿por qué no todos obtienen puntuaciones perfectas en la escuela? La respuesta es que el éxito significa hacer todo esto correctamente cada vez. Hacer la elección "correcta" una vez (la elección correcta suele ser obvia) no evita grandes obstáculos. Hacer esta elección decenas de miles de veces sin desviarse es lo que diferencia a los grandes triunfadores.

En el artículo, Chambliss llega a decir que las pequeñas cosas son las únicas cosas que importan. Como se describe en relación con la natación:

"Cada una de esas tareas parece pequeña en sí misma, pero cada una le permite al atleta nadar un poco más rápido ... Ganar una medalla de oro no es más que la síntesis de un sinnúmero de cosas tan pequeñas".

En los negocios, Peter Drucker afirma que "la eficacia como ejecutivo exige hacer ciertas cosas, y bastante simples". Ray Dalio hace el mismo punto repetidamente en sus Principios cuando describe las acciones aparentemente menores que diferenciaron a Bridgewater Associates. Una vez más, no existe un único secreto oculto para el éxito, solo la ejecución de las prácticas correctas de manera consistente. Además, estas decisiones son tan pequeñas que casi siempre están completamente bajo su control, lo que significa que puede elegir su nivel de éxito.

En resumen, cualquier persona capaz de tomar la pequeña decisión correcta una vez es capaz de lograr la excelencia en su campo. La diferencia entre quienes realmente llegan a la cima y quienes pasan sus vidas abajo es la coherencia. Si hay algo en común para el éxito, es la capacidad de tomar decisiones positivas repetidamente sin desviaciones.
 

El mito del talento innato

El talento, un don físico o mental innato que otorga un gran éxito en la vida, no existe. De hecho, el talento es producto de grandes logros, no su causa; cuando vemos a un gran actor, lo etiquetamos como talentoso después de ver su éxito. El logro conduce al descriptor talentoso. Al atribuir el éxito al talento, mezclamos las variables independientes y dependientes. 

La falacia del talento surge porque solo somos testigos de la excelencia final en sí misma y no de las innumerables horas de trabajo que se dedicaron a producirla. Observamos el producto final perfecto de un individuo y trazamos una línea recta a lo largo de su vida, conectando eventos dispares en una narrativa coherente. Esta historia siempre tiene un solo tema: el individuo tenía talento y, por lo tanto, estaba destinado a la grandeza. Si pudiéramos presenciar la totalidad de las acciones, la repetición de pequeñas tareas, que resultaron en el desempeño, entonces no seríamos tan rápidos en confiar en el talento como explicación. En última instancia, usar el talento para explicar el desempeño superior nos impide comprender el proceso repetible que generó el éxito, uno que podríamos seguir si quisiéramos.

En el artículo que estamos referenciando, Chambliss aplica su teoría del talento a las costumbres del equipo olímpico de natación. Las características que les permiten alcanzar la excelencia y diferencian respecto a otros nadadores, son las siguientes:


1- Técnica: han perfeccionado cientos de pequeños detalles en su forma de nada

2- Disciplina: pueden entrenar o no por más tiempo, pero "su energía se canaliza cuidadosamente".

3- Actitud: En los niveles más altos de la natación competitiva, ocurre algo así como una inversión de actitud. Las mismas características del deporte que el nadador corriente encuentra desagradables, las disfruta el nadador de alto nivel. Lo que otros ven como aburrido, por ejemplo, nadar de un lado a otro sobre una línea negra durante dos horas, lo encuentran pacífico, incluso meditativo, a menudo desafiante o terapéutico. 

Fuente


 En resumen, basándonos en trabajos científicos que han investigado este tema, nos quedamos con tres hallazgos principales sobre la naturaleza de la excelencia:

1- Las pequeñas decisiones conducen a la excelencia cuando se toman correctamente de manera consistente.
2- Las habilidades innatas no son la causa del desempeño superior
3- Los avances significativos requieren hacer las cosas de manera diferente

Es demasiado fácil hablar de estas ideas de manera abstracta y mucho más difícil ponerlas en práctica. 




Este artículo es una traducción libre del texto aparecido en Medium, The Mundanity of Excellence, de Will Koehrsen.

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8/8/20

Anna Lawson. Superando barreras en la docencia

Seguramente, el nombre de ‘Anna Lawson’ no diga nada. Podría haber elegido otros muchos nombres para contar lo que vais a leer en las siguientes líneas.

Nuestra protagonista es profesora de Derecho en la Universidad de Leeds, y su trayectoria académica y profesional es digna de admiración. Quizás lo sea más aún tras revelar que todo lo ha conseguido a pesar/gracias a su ceguera severa. Concretamente, en 2014 se convirtió en la primera profesora ciega universitaria de Derecho en Reino Unido.

Habrá quien ahora se esté preguntado ‘¿y cómo da clase?’, ‘¿y cómo estudió la carrera?’. Para el que escribe el artículo, la respuesta es que ‘eso da igual’. La realidad es que Anna, y otras muchas personas, han demostrado que esta meta es factible. Y para los curiosos, unas veinte personas de su entorno se dedicaron a grabar libros y artículos en cintas de audio para que ella pudiera estudiar. 

He dicho que hay ‘otras muchas personas’, y es verdad. Anna Lawson ha sido mi elegida para el título del artículo, pero hay muchas más, como Sheena Iyengar, en la Columbia Business School y también invidente. O como Judith Heumann, la primera profesora en silla de ruedas en Nueva York, portada de la revista Time en 1977.

Sin embargo, este artículo no solo va de mujeres, sino de la reivindicación de que tenemos que lograr que cada vez menos tipos de discapacidad impidan a una persona lograr sus objetivos.

En el ámbito educativo, se ha avanzado muchísimo en la inclusión de alumnado con algún tipo de minusvalía. La tecnología ha contribuido a eliminar muchas barreras, pero estas herramientas no tendrían significado, si no fuera por una sociedad convencida de su integración. Y es que este tipo de estudiantes no son una excepción en el sistema. En Estados Unidos durante el curso pasado, se incluían 7,1 millones de alumnos entre los 3 y 21 años con algún tipo de discapacidad.

 Sin embargo, según se reivindica en webs académicas, aún la incorporación laboral a la universidad de este tipo de profesionales sufre discriminaciones, y quedan aún barreras por derribar. Y no debemos poner como excusa la pregunta ‘¿cómo desempeñarán su función?’. Lo harán. ¿Cuántos de los lectores sabían que Euler vivió gran parte de su vida con visión en un solo ojo en pleno siglo XVIII, y quedó definitivamente ciego a los 59 años?

Porque la grandeza de una sociedad se demostrará con la eliminación de barreras por parte de todos, y la igualdad de oportunidades, sin importar el origen, raza, identidad sexual, religión, edad o discapacidad.

 

Este artículo fue originalmente publicado en el blog MujeresConCiencia. Un blog sobre mujeres (a menudo olvidadas) que inspiraron y marcaron la historia de la Ciencia.

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28/4/20

John Snow y el mapa que cambió el mundo

Corría el siglo XIX en Inglaterra y estamos en plena Revolución Industrial. Millones de personas huyen del campo a las ciudades, ya que las élites de entonces habían desprovisto de las tierras comunales a las familias de campesinos que vivían y se alimentaban de ellas. Ante la única posibilidad de contar con su fuerza de trabajo, los obreros y las familias vacían la Inglaterra rural de entonces hacia las urbes, de una manera totalmente descontrolada y desesperada, donde las condiciones de higiene e infraestructura pública sanitaria brillaban por su ausencia. En las grandes ciudades, como Londres, se urbaniza y construye lo justo para alojar hacinados a estos trabajadores.

En medio de semejante caldo de cultivo, cualquiera de nosotros podría imaginar que esos entornos eran un lugar propio para enfermedades e infecciones. Pero a mediados del siglo XIX, no conocían lo mismo que conocemos ahora por pura sabiduría popular. Concretamente, el coronavirus de la época se llamaba cólera, y fue lo que más vidas se llevó en el siglo que nos ocupa.

La teoría asumida por la población y las autoridades sanitarias para el contagio por cólera, era la del aire impuro o miasma. No se conocía apenas nada de gérmenes y Louis Pasteur aún no había enunciado su teoría. Para qué engañarnos, la gente conocía muy poco sobre aquella enfermedad. Y John Snow también la desconocía… pero él era consciente de ello. Así que se propuso investigar el origen del cólera desde un punto estricto de la ciencia, planteando hipótesis y realizando experimentos. ¿Era posible comprobar la teoría miasmática?

Durante una de las oleadas más peligrosas de esta enfermedad, la de 1854, se produjo un brote concreto en el barrio del Soho. En el espacio de tres días murieron 127 personas. Snow acudió de inmediato y se dedicó a recabar información con la ayuda de un sacerdote anglicano encargado de una parroquia en ese mismo barrio, Henry Whitehead.

La casi totalidad de las muertes de los primeros tres días se produjó en una misma calle, Broad Street, lo cual era muy sospechoso de creer en la validez de la teoría miasmática. Pero la clave de la cuestión fue el mapa que realizó Snow, marcando la localización de la gente infectada, y que representa prácticamente uno de los primeros estudios epidemiológicos de la historia.



La gran proximidad de todos los infectados a la fuente pública de Broad Street, marcada en rojo, impulsó a Snow y Whitehead a pedir al ayuntamiento de Londres que la cerrarán inmediatamente. Y lo hicieron.

El mapa de la imagen ha pasado a la posteridad, y prácticamente se puede afirmar que John Snow descubrió este origen por un método bastante simple de clusterización, uno de los básicos hoy en día en inteligencia artificial. Pero John Snow fue más allá, y descubrió que la compañía de agua de la que le gente bebía, extraía agua del Támesis, el cual en aquella época no estaba más que lleno de aguas fecales provenientes de los hogares. La relación entre la mala calidad de agua y el origen del cólera se estaba esclareciendo.

Sin embargo, su teoría aún permaneció dormida cerca de 40 años más, y tras la ola de cólera, el ayuntamiento reabrió la fuente pública de esa calle.

Hubo que esperar hasta Pasteur, en 1864, para entender la relación entre gérmenes y fermentación, y sobre todo a Robert Koch, en 1876, quien demostró sin lugar a dudas a través de un experimento con el ganado, que un ser microscópico podía ser el responsable de una enfermedad.



Esta entrada se publicó originalmente en la Revista DYNA, la cual es una publicación científica en ingeniería 
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30/1/20

Sobre tecnología apocalíptica de hoy y ayer

El ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, o eso dicen. Será porque como memoria no tenemos mucha memoria, y ya no digamos como sociedad. Cometemos una y otra vez los mismos errores, y las situaciones económicas, de crispación, de ideología, de sentimientos patrióticos... se repiten cíclicamente. Si es que en este aspecto, está casi todo inventado.

Y en la historia de la tecnología no va a ser menos. A pesar de que hoy en día vivamos en las continuas alertas sobre el potencial destructivo y esclavizador de la Inteligencia Artificial, cual ejército de coronavirus, este sentimiento de miedo no es nuevo. Y no me refiero solo a la manida alusión a la pérdida de empleos, ¡qué va! Las actitudes en contra de ciertas tecnologías a lo largo de la historia han ido mucho más allá que del aspecto laboral. Y como muestra, un botón. Las siguientes opiniones no eran minoritarias en su época:




(Vicario de Croyden, siglo XVI) (Prensa de Gutenberg)


No hay nada en la Palabra de Dios sobre esos inventos. Si Dios hubiera deseado que Sus criatures viajaran a la terrorífica velocidad de 25 km a la hora con ayuda del vapor, lo habría hecho saber a través de los Profetas. Por lo tanto, es un invento de Satán para transportar las almas al Infierno
(Dirección de un centro escolar en Ohio, 1828) (Locomotora de vapor) 


El paso de los trenes detendrá a las vacas de pacer, a las gallinas de
empollar, y eso llevará a la extinción total de las granjas y en
consecuencia, de la economía 
(Siglo XIX) Locomotora de vapor)


(Clero de Baltimore, 1844. Telégrafo)
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