Inteligencia artificial, robótica, historia y algo más.

9/8/20

Facebook: ¿qué hay después de la huida de los anunciantes?

Hace un escaso mes y medio que algunas grandes compañías, encabezadas por Unilever, decidieron retirar su publicidad de Facebook (y de Twitter, aunque no se oiga tanto) como protesta por la inacción de ambas ante el discurso del odio. Posteriormente vinieron otros pesos pesados, como Coca-Cola, Microsoft y Starbucks. Inmediatamente, las acciones en Bolsa de Facebook se desplomaron un 8% y las de Twitter, un 7%.

No solo eso, sino que el 19 de julio, otra empresa que inyectaba una buena cantidad de dinero en la red social de Mark Zuckerberg, Disney, retiraba su publicidad (solo en Facebook). A partir de estos hechos, ríos de tinta corrieron por las redes sociales y medios de comunicación. Y llegamos a este humilde blog, donde he querido compartir con los lectores algunas reflexiones. Una vez se han calmado las aguas tras estas bombas, ¿qué han hecho estas plataformas? ¿Volverán los anunciantes?

 

Stop Hate for Profit
Campaña de Stop Hate for Profit

 

Me centraré en la Plataforma de La Mano. La cantidad económica que estos mastodontes empresariales aportaban a la Red Social no le hiere de muerte, ni mucho menos. Tal y como dicen en este artículo, Facebook no es otra empresa más. Hay que compararla con la economía de un gran país. Lo que han dejado de aportar esos anunciantes ha sido un 6% de los ingresos publicitarios de la compañía. Personalmente, creo que Unilever condenó y marcó el camino al resto de anunciantes. En una época donde las multinacionales tienen a sus valores y principios morales bajo una lupa ciudadana más exigente que nunca, Unilever dio un golpe de efecto para el resto de anunciantes.

Ahí va mi predicción: en unos meses, Facebook anunciará una super-mejora de su política de contenido. Volverá algún gran anunciante, como Coca-Cola, y tras este gesto, el resto de empresas se verán 'forzadas' a volver también. A fin de cuentas, ellas también se ven beneficiadas del marketing personalizado que logran gracias a las redes sociales. De hecho, muchos anunciantes ya están volviendo.

¿Qué ha hecho realmente Mark Zuckerberg tras la salida de estos sponsors? Él mismo publicó un post en el que anunciaba varias medidas para afrontar el problema. Prometió que prohibirá anuncios que usen como chivos expiatorios a las minorías, inmigrantes, grupos raciales u otros grupos como parte de una campaña más amplia contra los discursos de odio. Y además, que lucharán contra la supresión del voto y crearán nuevos estándares para detectar ese tipo de publicidad que incita al odio. La empresa pasó por peores momentos tras el escándalo de Cambridge Analytica, sin lugar a dudas.

Lo cierto es que Facebook es una empresa peculiar. Está llamada a ocupar un papel muy destacado en cómo cohesiona y articula la sociedad, al igual que los medios de comunicación en su momento. Además, Mark Zuckerberg tiene el poder total sobre la compañía, y puede hacer y deshacer lo que considere oportuno. Probablemente, su visión sea caminar siempre por el filo de la navaja entre la exaltación de sentimientos (violentos o no) y defensa de los usuarios. En este hilo de Twitter, podéis apreciar lo fuerte que está aún esta plataforma, por muchas nubes negras que quieran crear alrededor de ella.

Y fijaos también cómo ha evolucionado la cotización bursátil de Twitter y Facebook. En rojo he marcado las salidas de los anunciantes. Como veis, han vuelto o incluso superado el valor previo a ese punto.

Cotización de Twitter
Cotización de Facebook

Hace más de un año, Disney y Nestlé retiraron su publicidad de YouTube, y no parece que haya cambiado nada sustancialmente. Como dice el periodista de tecnología, Jordi Pérez Colomé: "mucho ruido y pocas nueces". Y mucho cinismo y boquita pequeña de los anunciantes, añadiría yo. 

Cada vez siento más que las noticias de Grandes Palabras y las empresas que hacen anuncios a bombo y platillo, nos toman por idiotas.

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8/8/20

Anna Lawson. Superando barreras en la docencia

Seguramente, el nombre de ‘Anna Lawson’ no diga nada. Podría haber elegido otros muchos nombres para contar lo que vais a leer en las siguientes líneas.

Nuestra protagonista es profesora de Derecho en la Universidad de Leeds, y su trayectoria académica y profesional es digna de admiración. Quizás lo sea más aún tras revelar que todo lo ha conseguido a pesar/gracias a su ceguera severa. Concretamente, en 2014 se convirtió en la primera profesora ciega universitaria de Derecho en Reino Unido.

Habrá quien ahora se esté preguntado ‘¿y cómo da clase?’, ‘¿y cómo estudió la carrera?’. Para el que escribe el artículo, la respuesta es que ‘eso da igual’. La realidad es que Anna, y otras muchas personas, han demostrado que esta meta es factible. Y para los curiosos, unas veinte personas de su entorno se dedicaron a grabar libros y artículos en cintas de audio para que ella pudiera estudiar. 

He dicho que hay ‘otras muchas personas’, y es verdad. Anna Lawson ha sido mi elegida para el título del artículo, pero hay muchas más, como Sheena Iyengar, en la Columbia Business School y también invidente. O como Judith Heumann, la primera profesora en silla de ruedas en Nueva York, portada de la revista Time en 1977.

Sin embargo, este artículo no solo va de mujeres, sino de la reivindicación de que tenemos que lograr que cada vez menos tipos de discapacidad impidan a una persona lograr sus objetivos.

En el ámbito educativo, se ha avanzado muchísimo en la inclusión de alumnado con algún tipo de minusvalía. La tecnología ha contribuido a eliminar muchas barreras, pero estas herramientas no tendrían significado, si no fuera por una sociedad convencida de su integración. Y es que este tipo de estudiantes no son una excepción en el sistema. En Estados Unidos durante el curso pasado, se incluían 7,1 millones de alumnos entre los 3 y 21 años con algún tipo de discapacidad.

 Sin embargo, según se reivindica en webs académicas, aún la incorporación laboral a la universidad de este tipo de profesionales sufre discriminaciones, y quedan aún barreras por derribar. Y no debemos poner como excusa la pregunta ‘¿cómo desempeñarán su función?’. Lo harán. ¿Cuántos de los lectores sabían que Euler vivió gran parte de su vida con visión en un solo ojo en pleno siglo XVIII, y quedó definitivamente ciego a los 59 años?

Porque la grandeza de una sociedad se demostrará con la eliminación de barreras por parte de todos, y la igualdad de oportunidades, sin importar el origen, raza, identidad sexual, religión, edad o discapacidad.

 

Este artículo fue originalmente publicado en el blog MujeresConCiencia. Un blog sobre mujeres (a menudo olvidadas) que inspiraron y marcaron la historia de la Ciencia.

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2/8/20

Leyes de antimonopolio. Historia de cómo hemos llegado a las Big Tech

Estos días están acudiendo a declarar al congreso de EEUU las principales empresas tecnológicas del país por acusaciones de monopolio y de dominio de mercado. Estos imperios tecnológicos son Google, Amazon, Facebook y Apple. Una explicación bastante detallada de lo que está pasando la da en un hilo Hugo Sáez, quién ya nos tiene acostumbrados a sus completos hilos.

Sorprende que no aparezca Microsoft entre estas empresas, pero tiene su explicación. Parece que Microsoft ya está escarmentado en cómo evitar al regulador y tener un perfil bajo.

Es un tema que me interesa, ya que puede cambiar totalmente las reglas de la competencia y la realidad de estas empresas. Es una comparecencia histórica de unas empresas dominantes en el Congreso de EEUU.



CEOs de Facebook, Google, Apple y Amazon

Sin embargo, hoy escribo no por el futuro de las leyes antimonopolio, sino por el pasado. Como ya sabrán los lectores de esta bitácora, me interesa mucho el contexto en el que surgen las ideas y las iniciativas emprendedoras. Como defendí hace unos días, son leyes y conflictos bélicos del pasado lo que ha hecho que Holanda esté ahora en una posición económica dominante en Europa, por ejemplo. ¿Y qué es lo que ha hecho que hayamos llegado a que las denominadas empresas GAFA declaren ante sus señorías? Para ello, tenemos que remontarnos a la historia del hombre que lo cambió todo en la ley antimonopolio. La historia de Robert Bork:

Estamos en 1882, cuando se fundó Standard Oil, compañía de petróleo. Se estaba convirtiendo en un gigante bajo el mando del todopoderoso John Rockefeller. Las autoridades pensaban que acapararía demasiado poder, por lo que el Gobierno en 1892 ordenó que el gigante se dividiera en empresas más pequeñas.

Tras unos tira y aflojas, ese imperio se dividió. Pero siguió estando bajo el paraguas de Rockefeller realmente. Algunas de esas empresas hoy en día son Exxon, BP, Texaco o Mobil Oil, entre otras. El gobierno tomó una actitud cada vez más intervencionista en la economía y multaba a empresas grandes que compraban a empresas pequeñas, por ejemplo. Es decir, parecía que se quería dejar el mercado lo más estático posible, con los actores que existían en ese momento. O que por lo menos, las caídas y auges de ellos, solo dependiera de ellos.

Rockefeller y el antimonopolio
John Rockefeller y el antimonopolio


Pero todo esto cambió en 1978, cuando un licenciado en Derecho llamado Robert Bork publicó The Antitrust Paradox. ¿Quién era este hombre? No era un cualquiera, sino que era un juez y profesor de universidad, que ocupó distintos cargos en la Administración.

Básicamente, la filosofía de Robert Bork decía:

'el gobierno interviene demasiado. Multando fusiones de empresas, lo que estamos haciendo es defender a otras empresas y competidores. Y lo que hay que hacer es defender a los consumidores'.

Robert Bork estudió con los Chicago Boys, los chicos de la economía liberal de la época, y eso le influyó enormemente. El protagonista de nuestra historia defendía que el mercado se autorregulaba. Que aunque se juntasen dos empresas que acaparaban el 80% de la cuota de mercado, el cliente era suficientemente inteligente y libre para decidir ir a comprar a otro establecimiento, si el precio no era atractivo. Es decir, creía en un mercado super eficiente. Algo que a la larga se ha demostrado que no lo es tal.

Bork no sabía que sus ideas económicas fueran a cambiar el mundo empresarial tal y como lo hicieron, pero ahora vivimos en esa Era de leyes antimonopolio. Sin ese tipo de leyes y doctrina legal, las Big Tech no hubieran podido crecer tanto ni comprar tantas empresas competidoras.

Así que el debate que se presenta estos días no es solo legal y financiero, sino también es ético y filosófico. ¿Cómo entendemos la competencia, o la economía?





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23/7/20

Las leyes que convienen y el Siglo de Oro de los Países Bajos

Anda, que no habrán corrido ríos de tinta sobre lo malo-malísimos que son los holandeses con los europeos del sur, o lo catetos-catetísimos que son estos últimos que no están a la altura de los países, denominados - bajo esa expresión, ya oficialmente en peligro de extinción, de-  los países frugales.

Quizás me esté metiendo en charcos yo solo, pero ahí va. Este artículo no tiene más motivo que narrar brevemente un momento en la historia donde Holanda no tenía las cosas de cara, como todos creemos ahora. Pero para llegar a ese momento, hay que transportarse antes a la época de sus Vacas Gordas, el Siglo de Oro neerlandés.

Esta edad gloriosa se considera que ocupó aproximadamente todo el siglo XVII, y se basó en el dominio mercantil naval del que gozó este país durante este tiempo. La Compañía Holandesa de las Indias Orientales superó incluso a su todopoderosa homónima, la Compañía Británica. Distintas decisiones políticas, un buen empuje de la saga de banqueros, los Fúcaros (Fugger), y un puñado de guerras y leyes contribuyeron a ello.



Concretamente, el dominio holandés se basó en la ausencia de leyes. Mientras que otros países intervenían en el comercio marítimo para vender mucho y comprar poco, los holandeses flexibilizaron totalmente esas normas, y eso generó prosperidad y riqueza en muchas ciudades, y la atracción de talento extranjero. Provocó un liderazgo de su industria textil, y esta es la época de la fundación de algunas famosas universidades locales, como la de Groningen y Utrecht.

Sin embargo, nada dura eternamente, y si por algo se caracterizaba aquella edad Moderna era por las continuas guerras en el Viejo Continente. Y la Guerra de los 30 Años terminó debilitando mucho a Holanda, y sobre todo, el desarrollo de Francia e Inglaterra como potencias económicas.

Estos dos últimos países, además de otras decisiones estratégicas, se valieron del robo de talento y contratación de artesanos de los Países Bajos. En estas misiones especiales, estaban embarcados hasta los propios reyes y las más altas instituciones de los países, tal y como se cuenta en la obra Retirar la escalera, de Ha-Joon Chang.

Tal era la fuga de cerebros, que los Países Bajos promulgaron en 1751 una ley para prohibir la exportación de maquinaria y la emigración de personal cualificado (qué utopía, un país protegiendo a sus científicos). Pero no le valió de nada, y Holanda nunca volvió a recuperar ese absoluto esplendor del que gozó antaño.

En el blog os conté hace tiempo otra breve historia sobre cómo Holanda volvió a emplear leyes de propiedad intelectual para robar ciertas ideas tecnológicas, como la margarina.

En resumen, esta breve historia simplemente pretende representar que las leyes y decisiones estratégicas que defienden los países dependen del momento en que se encuentran. Y si algo ha demostrado la historia, es que los estados han tenido sus altibajos, y que siempre han mirado por ellos mismos, como es lógico. Y dedico esta entrada a un emigrante por esas latitudes, Pablo Rodríguez, con quien a menudo he discutido estos aspectos informalmente, y espero que sea por muchos años más.


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13/7/20

Resultados electorales, chocolate y relaciones espúreas

Ayer, Covid mediante, se celebraron unas atípicas y veraniegas elecciones autonómicas en Euskadi y Galicia. Hasta hace un tiempo, un servidor era un firme convencido de que se podía predecir totalmente el comportamiento de la población si supiéramos la mayor información posible sobre ellos y el contexto. Además, la recogida permanente de estos datos existe ya entre nosotros, sobre todo a través de Internet y los teléfonos móviles. Qué escribimos, adónde vamos, a quién escribimos, con qué frecuencia, hábitos horarios, etc.

Es decir, mi convicción era que el ser humano se parecía más a un robot, y que las ganas de alguien de querer tomar un café estaban activadas por una serie de reacciones fisiológicas, que hubiéramos podido correlacionar mediante la precisa e intensiva recogida de sus datos a través de móvil (latidos de corazón, frecuencia de pasos, temperatura ambiente, hora del día, calorías ingeridas en la comida...).

O que una persona, votaría a un partido u otro en función de cuántas horas hubiera estado consultando webs de noticias. O más prosaicamente, podríamos incluso simplificar el modelo: quizás las malvadas tecnológicas hubieran encontrado que existe una relación entre el número de veces que se escriben en Whatsapp entre los usuarios de una región en campaña electoral, el término chocolate, y el resultado electoral del Partido Popular.

Fuente


Quizás los lectores se piensen que estaba totalmente loco... y probablemente tengan razón. ¿Y si hubiéramos encontrado alguna variable absurda que se correlacionase totalmente los resultados electorales de un partido político? ¿Y si entonces, alguien fuese capaz de alterar esa variable absurda? ¿No era eso de lo que se ocupaban los famosos hackers rusos? Si analizamos todos los datos de las elecciones pasadas, quizás descubriríamos que el número de coches que transitan por la carretera Nacional-1 entre las 14.37 y las 16.01 del sexto día de campaña, siempre es proporcional al número de votos que obtiene la izquierda.

Bueno, pues ahora tengo noticias: tengo que dejar claro que ahora soy un total contrario a estos pensamientos sobre la manipulación a la sociedad. Existen varios argumentos para ello:

- En primer lugar, existe evidencia científica de que manipular a la población con diferentes estímulos, como campañas perversas en redes sociales, tiene más bien poco efecto.

- Por otro lado, la predicción de que la población va a realizar una u otra acción está normalmente muy limitada. Abarcar la altísima complejidad y no-linealidad del comportamiento humano es casi imposible.

- Desde hace años, la recogida de datos albergó la promesa de superar el límite del conocimiento humano. Conocernos a través de nuestros datos, y a partir de ahí, entendernos y elaborar teorías. Sin embargo, la realidad es que en este tipo de estudios incidimos continuamente en sesgos, y me explico. Si alguien trata de buscar una correlación entre los resultados electorales de ayer y una variable ocurrida en campaña electoral, la va a encontrar. Siempre hay gráficas que se parecen unas a otras, siempre. Pero de nuevo, correlación no implica causalidad, y tenemos muchos ejemplos de curvas que se solapan, pero nada tienen que ver.


Habría que revisitar las palabras del poeta T. S. Eliot, que escribió: “¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido con el conocimiento? ¿Dónde está el conocimiento que hemos perdido con la información?”.

Recolectar más datos no garantiza que sean precisos, ni que estén actualizados y sean relevantes para cumplir nuestros objetivos.



Referencias

Kalla, J. L., & Broockman, D. E. (2018). The minimal persuasive effects of campaign contact in general elections: Evidence from 49 field experiments. American Political Science Review, 112(1), 148-166.

Calude, C. S., & Longo, G. (2017). The deluge of spurious correlations in big data. Foundations of science, 22(3), 595-612.

Sema K. Sgaier, Vincent Huang & Grace Charles. The case for causal AI. Stanford Innovation Review. Summer 2020.
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8/7/20

Tirar los folios por las escaleras para calificar los exámenes, es una mala idea

En esta época de fin de curso, tanto los profesores como los alumnos estamos agotados - y más tras este curso confinado, online, y otros adjetivos no muy agradables. Por eso, siempre sobrevuela la broma y mito popular de que los profesores corregimos 'a huevo', sin leer bien los ejercicios de cada alumno. Yo he escuchado diferentes estrategias para ahorrar tiempo y esfuerzo al corregir:

- Tirar los exámenes por la escalera, y asignar las notas según el escalón en el que se paren los papeles

- Tirar los exámenes al aire, y los que caigan boca abajo están suspendidos, y el resto, aprobados.

- Tirar un dado. Aunque quizás nuestro examen no se pueda evaluar sobre 6. Esto requiere el esfuerzo de tener un dado especial, quizás de 10 caras.


Sin embargo, este tipo de estrategias es un evento aleatorio, y si hiciéramos muchos lanzamientos de dados, al final tendríamos una curva normal, o gaussiana, como queráis. Es decir, algo así:



Las implicaciones de esto es que estamos suponiendo que las notas de una clase son siempre alrededor de un valor medio, μ, y que además hay la misma cantidad de estudiantes a un lado y otro de esa media. ¿Podría ser μ el equivalente a 5?

La realidad es que esta distribución de curva no es representativa de los resultados académicos de un examen, tal y como se explica en ciertas publicaciones:

Grades are not Normal: Improving Exam Score Models Using the Logit-Normal Distribution


Hay cierta bibliografía y sobre todo, muchas preguntas en foros especializados sobre si la distribución de notas de una clase debería seguir una distribución normal o no. Por ejemplo:






¿Deberían las notas de un examen seguir una distribución en forma de campana? La respuesta corta es que no. Tampoco hay una respuesta concisa sobre cómo debería ser. Pero todo apunta a que es más normal tener formas de distribución bimodales o ligeramente exponenciales.


¿Qué puede significar esto? No he hecho la representación de la curva de mis alumnos, pero la distribución bimodal tiene sentido. Hay muchos profesores que evitan notas entre 4,5 y 4,9). Tienden a aprobar o a poner notas que dejen menos dudas sobre la cercanía del aprobado. Aparentemente, según la curva bimodal, hay un grupo de alumnos que claramente suspende y otro grupo de alumnos, que claramente aprueba. Algo que según mi experiencia, así ocurre.

Obviamente, el tipo de curva dependerá del tamaño de clase, de la madurez que tengan (no es lo mismo primer que cuarto curso), entre otros factores. Tener una muestra de alumnos enorme no es garantía de que la distribución de notas vaya a ser Gaussiana, ya que durante unos años el Ministerio de Educación de Polonia recopiló las notas sobre exámenes que realizaban del orden de 300.000 personas, y tal y como se puede observar, tampoco son distribuciones normales.


Por último, es gracioso cuanto menos, el vídeo de un profesor norteamericano que demuestra a su clase que ha habido muchos alumnos que han copiado en el examen, según la distribución de las notas.

En todo caso, y como resumen, el famoso sistema de tirar los papeles al aire, no parece la forma más realista de obtener unos resultados que se parezcan a la realidad.

Y para aquellos alumnos que hayan suspendido este curso, un mensaje:


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