Inteligencia artificial, robótica, historia y algo más.

10/1/26

La guerra con drones de Ucrania. Una actualización de lo que trajo 2025.

En la madrugada del 1 de junio de 2025, 117 drones First Person View (FPV) emergieron simultáneamente de contenedores de madera ocultos en camiones ordinarios dispersos por todo el territorio ruso. Algunos estaban en el Ártico, cerca de Murmansk. Otros en Siberia oriental, a más de 4,300 kilómetros de la frontera ucraniana. No habían volado desde Ucrania. Habían sido contrabandeados, pieza por pieza, durante 18 meses de planificación meticulosa.

Lo que siguió fue la Operación Spiderweb (Tela de Araña): el ataque con drones más audaz de la guerra, y posiblemente de la historia militar moderna. Cada dron costaba menos de 1,000 $. Los objetivos valían miles de millones. Cuando las explosiones cesaron, entre 12 y 41 bombarderos estratégicos rusos - incluyendo los venerables Tu-95 y Tu-22M3, fuera de producción desde la disolución de la Unión Soviética - yacían destrozados en sus pistas. Los pilotos, operando desde el interior de Ucrania con gafas FPV inmersivas, habían apuntado con precisión quirúrgica a los tanques de combustible en las alas, maximizando el daño explosivo.

"Entrenamos la IA con aviones soviéticos desmantelados de un museo", reveló más tarde el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU). Los sistemas de inteligencia artificial habían aprendido a identificar los puntos vulnerables de cada modelo de aeronave. El resultado: Siete mil millones de dólares en daños estimados. Un tercio de la capacidad de bombardeo estratégico de Rusia, neutralizada en una sola mañana. 

Los blogueros militares rusos lo llamaron "el Pearl Harbor de Rusia". Y no estaban del todo equivocados.

Lo malo que tiene el pasado es que nunca lo puedes negar. Pero las declaraciones a posteriori, hay que cogerlas con pinzas, ya que la guerra de la propaganda y del dominio tecnológico impera, y yo no me creería al pie de la letra todas las reivindicaciones tecnológicas de ninguno de los dos ejércitos.

Aún así, la presencia de los drones en el conflicto ucraniano está siendo indudable. Así que aprovechando el estrenado año, este post pretende ser un pequeño resumen de toda la tecnología de drones militares que se ha visto sobre el campo de batalla en Ucrania durante 2025. No hubiera sido posible sin toda la cobertura y excelentes descripciones que hace puntualmente la bloguera Olena Kryzhanivska, del blog Ukraine's Arms Monitor.



El Arma que lo cambió todo


Si hay algo que ha quedado claro en 2025 es esto: los drones no son el futuro de la guerra. Son el presente. Y nadie lo entiende mejor que los soldados que pelean en las trincheras del este de Ucrania.

"Antes de que llegaran los drones, Pokrovsk parecía unas vacaciones", bromea con amargura un operador de drones ucraniano. "Después, dejamos de estirar las piernas". No es exageración. Los informes médicos militares rusos sugieren que más del 75% de las heridas que sufren sus soldados durante combates de baja intensidad son causadas por ataques de FPV. De los 31 tanques M1 Abrams que Estados Unidos envió a Ucrania, 27 fueron destruidos por drones.

El campo de batalla se ha transformado. La "zona de muerte" - ese espacio letal donde ningún movimiento queda sin castigar-  se ha expandido de los tradicionales 5 kilómetros a entre 15 y 40 kilómetros detrás de la línea del frente. Viajar por carretera en estas zonas equivale a jugar a la ruleta rusa con explosivos guiados por IA.

Ucrania produjo más de 2 millones de drones en 2024. En 2025, la cifra alcanzó los 3 millones, con capacidad teórica para fabricar hasta 10 millones. Rusia, por su parte, incrementó su producción de drones Shahed (Geran) de origen iraní a más de 6.000 unidades por mes -potencialmente 75.000 al año.

El volumen es brutal: de un promedio de 90 armas aéreas lanzadas diariamente contra Ucrania en enero de 2025, la cifra se disparó a 140 por día en agosto. Los ataques más pesados de la guerra —con más de 500 misiles y drones en un solo día— ocurrieron todos después de la Operación Spiderweb. En septiembre, Rusia lanzó su mayor ataque combinado: 823 proyectiles en total.



La Paradoja de la Alta y Baja Tecnología


Aquí es donde la historia se vuelve fascinante. Mientras los titulares hablan de inteligencia artificial, aprendizaje automático y enjambres autónomos, la innovación más devastadora de 2025 ha sido... un cable.

Sí, un cable de fibra óptica.

Cuando la guerra electrónica se intensificó hasta niveles que ningún manual militar había anticipado, los ingenieros rusos dieron un paso atrás y recordaron las lecciones del pasado soviético. El misil antitanque Fagot de los años 70 utilizaba cables de control para guiar proyectiles. ¿Por qué no aplicar el mismo principio a los FPV modernos?

El resultado: drones FPV conectados físicamente a sus operadores mediante cables de fibra óptica ultrafinos que se desenrollan durante el vuelo. Completamente inmunes al jamming. Capaces de operar hasta 40-65 kilómetros de distancia. Letales en emboscadas.

"Un dron de fibra óptica no está diseñado para realizar 30-40 misiones por día", explica un veterano ucraniano. "Está diseñado para una sola misión y un impacto preciso. Contrarrestarlo es extremadamente difícil".

Para el verano de 2025, tanto Ucrania como Rusia producían decenas de miles de estos sistemas cada mes. Ucrania fabrica al menos 20.000 al mes; Rusia, alrededor de 50.000. La fábrica de Saransk opera seis líneas de producción que fabrican 12.000 kilómetros de cable de fibra óptica al día: unos 4 millones de kilómetros al año.

Las contramedidas son necesariamente físicas: ametralladoras, redes de pesca tendidas a lo largo de carreteras, e incluso otros drones FPV que cortan los cables con sus hélices en pleno vuelo. Videos de primera línea muestran las carreteras ucranianas bordeadas de túneles de malla protectora, transformando las rutas de suministro en laberintos fortificados.



El Factor Humano: Donde la IA todavía falla


Existe un mito creciente: que la guerra de drones es una guerra de robots. No lo es. Al menos, no todavía. "El 80% del éxito de un dron depende de la habilidad del piloto", afirma categóricamente Oleksandr Yakovenko, CEO de TAF Industries, uno de los principales fabricantes de FPV de Ucrania. "Los productores ucranianos ahora fabrican drones de calidad comparable. Lo que marca la diferencia es el operador".

Los números lo respaldan. La tasa de impacto promedio de un FPV pilotado manualmente oscila entre el 30% y el 50%. Para pilotos novatos, puede caer al 10%. Las proyecciones indican que los drones controlados por IA podrían alcanzar tasas del 80%. Pero eso es teórico. En 2025, ningún bando ha logrado la producción masiva de sistemas verdaderamente autónomos.

¿Por qué? Porque la visión por computadora en el campo de batalla real es extraordinariamente compleja. Las cámaras de calidad inferior, las condiciones climáticas variables, el humo, la niebla, el polvo, la necesidad de distinguir entre tanques amigos y enemigos, de apuntar a puntos débiles específicos en vehículos blindados —todo esto sigue siendo un desafío formidable para los algoritmos
. Y entrenar a un piloto de drones competente lleva al menos tres meses.

Y aquí está el problema estratégico: cuando la OTAN habla de adquirir miles de drones de última generación, habla poco de entrenar a los miles de pilotos necesarios para operarlos. 



Rubikon: El Contraataque Ruso


Durante gran parte de la guerra, Ucrania mantuvo una ventaja tecnológica clara en guerra de drones. Su ecosistema descentralizado (más de 500 productores, desde grandes fabricantes hasta operaciones de garaje) permitió una innovación rápida y adaptativa. Rusia, con su estructura militar tradicional, parecía torpe, burocrática, siempre un paso atrás.

Eso cambió en agosto de 2024 con la creación del Centro Rubikon de Tecnologías No Tripuladas Avanzadas.

No es una unidad de drones convencional. Es un híbrido: centro de adquisición, desarrollo, entrenamiento y operaciones, todo en uno. Con aproximadamente 5,000 efectivos organizados en al menos siete destacamentos de 130-150 personas cada uno, Rubikon opera como una startup tecnológica dentro de una maquinaria militar de estilo soviético.

"Tienen una gestión brillante, trabajan sistemáticamente, seleccionan al mejor personal, proporcionan entrenamiento y suministran todos los recursos necesarios", admite Maria Berlinska, directora del Centro de Apoyo de Reconocimiento Aéreo de Ucrania. "Vierten dinero en ello. Todos los que saben cómo funciona Rubikon están de acuerdo en una cosa: es muy eficaz".

Los resultados hablan por sí solos. Cuando Rubikon apareció en diferentes sectores del frente, algunas brigadas ucranianas perdieron entre el 40% y el 70% de sus posiciones de UAV en una semana. En Kursk, donde las fuerzas ucranianas habían logrado incursiones exitosas en territorio ruso, Rubikon cortó sistemáticamente las líneas de suministro mediante ataques de drones coordinados desde múltiples ángulos, forzando la retirada ucraniana.

Su arsenal incluye drones FPV con cámaras térmicas para ataques nocturnos, sistemas de fibra óptica, y drones "mothership" como el Molniya —construido en contrachapado— que puede transportar dos FPV más pequeños hasta 30 kilómetros detrás de las líneas enemigas antes de liberarlos.

Pero su arma más devastadora es la guerra electrónica. Los equipos Rubikon son expertos en rastrear señales de drones ucranianos hasta sus fuentes, permitiendo ataques contra los propios pilotos. Eliminar al piloto es más valioso que destruir un dron individual.

"No tienen días libres", dice un soldado ucraniano. "Pueden trabajar 24 horas... Antes de que llegara Rubikon, esto parecía unas vacaciones".

El comandante de drones ucraniano Yurii Fedorenko es directo: "Rubikon puede escalar rápidamente unidades de drones usando ventajas en mano de obra y recursos financieros que Ucrania no puede replicar". Es el reconocimiento honesto de que, en esta dimensión específica del conflicto, Rusia ha logrado ponerse al día.



Interceptores: La nueva frontera de la Defensa


Quizás la innovación defensiva más notable de 2025 ha sido el surgimiento de los drones interceptores: FPV kamikazes especializados en perseguir y destruir otros drones en pleno vuelo.

Con forma de cúpula, capaces de alcanzar velocidades superiores a 300 km/h, estos interceptores se han convertido en una categoría completa de armamento. Cuestan alrededor de $5.000 cada uno - lo cual es barato, comparado con misiles antiaéreos tradicionales, que pueden costar millones - y en el récord de ataque ruso del 7 de septiembre (810 drones), derribaron aproximadamente una quinta parte.

Los expertos afirman que los interceptores de drones son la mejor respuesta de Europa a la creciente amenaza de drones rusos. El problema: Europa aún no tiene ni los sistemas ni los recursos humanos necesarios para operarlos a escala.



The Economist

Lecciones para el Mundo


La guerra en Ucrania es un laboratorio vivo del futuro del combate. Más de 400 tipos diferentes de drones se utilizan actualmente en el conflicto. El ecosistema descentralizado de Ucrania ha permitido innovación rápida. La estructura centralizada de Rusia ha permitido sistematización a escala.

Para Occidente, las lecciones son incómodas. En septiembre de 2025, múltiples incursiones de drones se registraron en países vecinos a Ucrania, con el caso más impactante en Polonia. Drones rusos modificados específicamente para alcanzar tales rangos largos penetraron el espacio aéreo polaco, algunos reportados como armados.

Estados Unidos ha anunciado su doctrina "Unleashing American Drone Dominance", centrada en FPVs desechables con planes de desplegar hasta 10,000 vehículos aéreos de bajo costo en 12 meses. El Reino Unido está reestructurando sus capacidades militares, con el 80% enfocándose en sistemas no tripulados. La Unión Europea ha discutido planes para un "muro de drones" a lo largo de sus fronteras con Rusia y Ucrania. Aunque este último punto me provoca muy serias dudas técnicas.

Pero el énfasis está en el hardware, no en el humanware. Los gobiernos pueden proporcionar a sus fuerzas miles de drones avanzados, pero sin personal entrenado para operarlos, el equipo se vuelve inútil.



El Peso del Equilibrio Tecnológico


Mientras escribo estas líneas, los enjambres de drones surcan los cielos de Donetsk, los cables de fibra óptica se desenrollan sobre campos de batalla helados, y en algún lugar, un piloto de 20 años con gafas FPV inmersivas persigue un objetivo a 30 kilómetros de distancia con un dron que costó menos que su smartphone.

La paradoja de 2025 es que la guerra más tecnológicamente avanzada de la historia está siendo librada, en gran medida, con tecnología accesible. Drones comerciales modificados. Cables del siglo pasado. Software de código abierto. Y la habilidad irremplazable de seres humanos entrenados.

La verdadera revolución no es la IA - aunque está llegando -. Es la democratización de la letalidad a distancia. Es el hecho de que $1,000 en componentes y tres meses de entrenamiento pueden neutralizar un vehículo blindado de $4 millones. Es que una pequeña nación puede infligir daños estratégicos masivos a una superpotencia nuclear con ingenio, planificación y audacia.

"La integración masiva de inteligencia artificial en la guerra de drones podría marcar un punto de inflexión en el futuro cercano", concluye un análisis del Center for Strategic and International Studies. "Mejorando el procesamiento de datos, reconocimiento de objetivos y toma de decisiones autónoma, con humanos involucrados solo en la etapa final de compromiso".

Puede ser. Pero por ahora, en enero de 2026, cuando el mundo observa con fascinación y horror el cielo sobre Ucrania, lo que vemos es algo más fundamental: la prueba de que la guerra ha cambiado para siempre, y que el factor humano - creatividad, adaptabilidad, coraje - sigue siendo el arma más letal de todas.

Incluso cuando se controla desde una pantalla, a miles de kilómetros de distancia.

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